El sueño de una máquina que gana dinero por ti mientras duermes
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El sueño de una máquina que gana dinero por ti mientras duermes

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El sueño de una máquina que gana dinero por ti mientras duermes

25/06/2019

Tras la crisis de 2008 –con la disminución de las tasas de interés– los inversionistas han financiado empresas jóvenes para obtener réditos equivalentes a lo que ganaban en mercados hasta entonces seguros. El boom startup ha estado lleno de sueños lúcidos –como Uber– y vacíos –como Theranos–. Uno de los más recientes es la Inteligencia Artificial y su aplicación a la compraventa de valores.

La intención es minimizar pérdidas y maximizar ganancias. El argumento: que la máquina no tiene la volatilidad de un humano ante la percepción de un mercado en declive. Un algoritmo puede evaluar estrategias en el histórico, hacer tratos de manera consistente, más rápido y con cualquier tasa de diversificación.

Plataformas como MetaTrader y NinjaTrader permiten programar estrategias de intercambio en sus lenguajes y ejecutarlas desde sus servidores. Para los más avanzados, existen servicios como Alpaca que conectan redes neuronales a la bolsa, con comisiones que permiten intercambiar a alta frecuencia.

Técnicas como la reversión de la media o la fabricación de mercado suenan tan interesantes que JP Morgan les dedicó un reporte de 280 páginas en 2017. Han hecho más ricos a los grandes bancos que tienen ejércitos de científicos de datos. También han quebrado a fondos boutique que no pueden competir con las altas frecuencias de compraventa.

Una vez más cometemos el mismo error: antropomorfizar a la computadora y creer que decide con voluntad, estrategia y comprensión de su contexto. Solemos asignarle una consciencia que aún no tiene. Mi preocupación reside en que algo que puede traer beneficio, se lleve un golpe por el fallo del intercambio automatizado o que fondos que podrían ser útiles en su aplicación en cosas en que la IA ha sido efectiva se pierdan jugando a ganar dinero fácil.

No hay suficiente valor epistémico en los precios de las acciones más que una fe y ceguera cultural por la estadística. Lo que se intercambia en la bolsa son símbolos ligados a algo real, no obedecen leyes propias y es la ansiedad posmoderna por lo instantáneo lo que nos lleva a creer que todo lo nuevo puede ser la siguiente forma de hacerse rico sin esfuerzo. La cultura influye más en el éxito de estas iniciativas que su utilidad.

Todos los algoritmos de intercambio automático están basados en datos históricos de símbolos sin información intrínseca y sin suficiente participación de su contexto y cómo influye en ellos. El pasado tuvo un valor cultural diferente que podría no repetirse en el futuro. No es que la Inteligencia Artificial no funcione, es que la motivación y la base de su aplicación están descolocadas en este caso.

Decía George Box que todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles. Acérquense a las organizaciones de la coalición IA2030mx que procuran el uso ético de la IA. Hay iniciativas en educación, salud y logística que la usan creativamente y están dando rédito. No dudo que la Inteligencia Artificial puede contribuir a elegir un portafolio, pero no sin participación ni esfuerzo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.