Estabilidad sin crecimiento: ¿hasta cuándo?
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Estabilidad sin crecimiento: ¿hasta cuándo?

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Estabilidad sin crecimiento: ¿hasta cuándo?

06/12/2019

Andrés Manuel López Obrador ha sido el presidente más predecible en la historia reciente. Ha hecho todo lo que dijo en campaña, tanto las cosas buenas como las malas, y no ha hecho lo que dijo que no iba a hacer. En ese sentido, sus decisiones han comenzado a cobrar factura porque en su primer año de gobierno, la economía de México se ha estancado, pero estamos bajo un entorno macroeconómico estable. Desde el cuarto trimestre del 2018 a la fecha, la economía ha mostrado dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo, que para todo fin práctico es recesión. Sin embargo, tenemos un entorno estable, con una inflación controlada, responsabilidad fiscal, endeudamiento limitado, superávit primario y autonomía del Banco de México.

Para el 2020 se espera más de lo mismo. El crecimiento de la economía será modesto. En el mejor de los casos, el PIB crecerá entre 1.0 y 1.5 por ciento, principalmente por motivos estadísticos y porque el comparativo resulta muy fácil de superar dado el bajo crecimiento de la economía durante el 2019. El crecimiento provendrá principalmente de consumo y exportaciones, dado que no se prevé un repunte de la inversión ni pública ni privada.

El consumo, que es el factor determinante del PIB de México, se mantiene resilente porque la base de la población ha tenido mayores ingresos por los programas sociales de la nueva administración y por el crecimiento en niveles históricamente elevados de las remesas. Sin embargo, ha venido desacelerándose de manera importante ante la incertidumbre de la perspectiva. Tan solo hay que voltear a ver las ventas de Wal-Mart que han venido perdiendo terreno en los últimos meses.

En el tema de las exportaciones, a pesar de que Estados Unidos sigue creciendo por arriba de su potencial, ha venido creciendo a tasas decrecientes. Este año, la razón principal de la debilidad en las exportaciones se explica por el menor dinamismo en la producción de automóviles y menor ritmo en las exportaciones de autos. El 80 por ciento de nuestras ventas al exterior son hacia dicho país, y sin la firma inminente del T-MEC la vulnerabilidad del sector exportador es todavía importante.

Finalmente, la inversión no repunta. El Acuerdo para la Inversión en Infraestructura del Sector Privado anunciado hace unas semanas se quedó corto. La mayoría de los proyectos en transporte ya habían sido delineados en años anteriores. Las inversiones en telecomunicaciones se tienen que hacer para dar mantenimiento a las tecnologías de punta en aras de no perder mercado, y las de turismo ya estaban en el pipeline de varios empresarios, y se ejecutarían con la nueva administración o sin ella. Es así que no hay claridad de que la inversión, que ha estado frenada, vaya a crecer el siguiente año.

Encima de ello, las constantes iniciativas que se han presentado en el Congreso han sido disruptivas, tanto en la inserción del Proceso Legislativo, como sus propios planteamientos. Lo que ha sido un ingrediente adicional a la falta de la inversión. La más reciente, a cargo del senador Gómez Urrutia es sumamente disruptiva e inhibidora de la inversión per se, tendría –de aprobarse– consecuencias negativas importantes para el sector empresarial. A grandes rasgos, propone eliminar la subcontratación y bajo ciertos supuestos tratarla como delincuencia organizada. De la noche a la mañana se plantea hacer de lo legal, ilegal. Hay que recordar que los recursos de las empresas son finitos, y que, o los distribuyen o los invierten. En tanto sigan surgiendo este tipo de iniciativas poco se hará para fomentar un nuevo ciclo de inversión.

La esperada recuperación del segundo semestre del año no llegó. Los principales indicadores señalan que el estancamiento de la economía ha seguido a lo largo del año. El tema es que no puede haber estabilidad sin crecimiento por un periodo prolongado. En tanto la economía de México siga estancada se irá debilitando el pilar de la estabilidad, tanto macroeconómica como social y con ello eventualmente podríamos retroceder.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.