La fortaleza del peso
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La fortaleza del peso

31/01/2020

Por Alejandra Marcos, directora de Análisis y Estrategia en Intercam Casa de Bolsa.

Desde que comenzó diciembre y hasta el día de hoy el peso se ha apreciado el 4.59 por ciento. Es la segunda moneda con el mejor comportamiento entre todos los mercados emergentes después de la rupia de Indonesia, por lo que para todo fin práctico –al ser la moneda más líquida– es la que más se ha fortalecido contra el dólar.

México es el país que ofrece la tasa de rendimiento más elevada para los inversionistas, excluyendo países que tienen problemas de excesivo endeudamiento o elevado déficit como el caso de Turquía o Argentina. Además mantiene un equilibrio macroeconómico dado el reiterado compromiso del gobierno de mantener la disciplina fiscal. El gobierno no planea endeudar más al país y mantendrá un superávit primario. La deuda soberana cuenta con grado de inversión por parte de las tres calificadoras más importantes, por lo que el riesgo de impago es limitando atrayendo un mayor número de inversionistas. Y finalmente cuenta con estabilidad política. López Obrador tiene una aprobación de más del 70 por ciento, que se contrasta contra la bajísima aceptación de otros mandatarios en países latinoamericanos que enfrentan disturbios políticos.

En diciembre la tenencia de valores gubernamentales en manos de extranjeros aumentó en 109 mil millones de pesos, siendo el monto más elevado desde el 2016 y representa cerca del 5 por ciento de esa tenencia. El creciente apetito por este tipo de activos se dio pese al recorte en la tasa de referencia, y muy probablemente se justifica dada la firma a las modificaciones al T-MEC, lo que genera una mayor confianza y elimina la incertidumbre con el principal socio comercial de México.

Sin embargo, todas estas cuestiones ya se conocían desde hace meses. La renovada fortaleza del peso muy probablemente se deba al desbalance entre la oferta y la demanda de dólares. Con datos de noviembre, la balanza comercial de México resultó ser superavitaria en 3 mil 68 millones de dólares. Esto quiere decir que estamos importando dólares: a cambio de la venta de mercancías en el exterior, la economía recibe dólares. Y no hay suficiente demanda porque las importaciones retrocedieron. Adicionalmente, las remesas que han alcanzado máximos históricos, y contribuyen a aumentar la oferta de dólares en el mercado. A noviembre las remesas alcanzaron un monto acumulado de 32 mil 965 millones de dólares.

Por otro lado, la demanda de dólares ha sido bastante limitada dado el crecimiento de la economía. En años anteriores, del 2012 al 2018 la balanza de cuenta corriente, es decir la suma de la balanza comercial, más la balanza de pagos y las remesas presentaban un déficit –necesidad de dólares– de 24.5 mil millones de dólares. Al cierre del 2019 se espera que sea ligeramente superavitaria. No hay suficiente demanda de dólares y hay exceso de dólares en el mercado. Esta falta de demanda de dólares en el mercado se explica principalmente por el estancamiento de la economía mexicana.

Aunque es previsible que el peso se mantenga fuerte en el corto plazo, existen varios riesgos que pudieran originar una depreciación de nuestra moneda. Un recorte agresivo a las tasas de interés que haga menos atractiva la inversión en instrumentos de deuda soberana por parte de los extranjeros y provoque la salida de las inversiones de portafolio pudiera originar debilidad de nuestra moneda. Un desbalance en las finanzas públicas, mayor endeudamiento, pérdida de grado de inversión de la calificación crediticia y la elevada dependencia de Pemex en las finanzas públicas, son factores de pudieran originar una pérdida de valor del peso. Y finalmente y de más plazo, una economía que se mantenga estancada. Dadas las expectativas de crecimiento económico para México en el 2020 y 2021 se antoja difícil que el peso se mantenga fuerte en el largo plazo. Hay que recordar que no hay en el mundo monedas duraderamente fuertes sin una economía en expansión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.