Un plan que se queda corto
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Un plan que se queda corto

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Un plan que se queda corto

19/07/2019

En esta semana se presentó el Plan de Negocios de Pemex, que aborda tres principales problemas: alto nivel de endeudamiento, baja inversión y elevada carga impositiva. El plan propone diversas iniciativas, pero es una visión simplista y sin viabilidad de largo plazo, porque no contempla otros problemas estructurales como los pasivos laborales o los elevados costos de producción. Por ello, aumentan la probabilidad a futuros recortes en la calificación crediticia de Pemex y del gobierno mexicano.

El plan contempla capitalizar a Pemex a través de recursos del gobierno federal, reducir la carga impositiva, disminuir en el largo plazo la deuda, e invitar a la inversión privada de manera limitada a través de los CSIEES. (Los CSIEES son contratos que invitan a la inversión privada, pero que no tienen el beneficio de las utilidades, ni asumen los riesgos de producción, retribuyendo al privado por barril producido.) Pero no estimulan la aplicación de nuevas tecnologías de punta que promueva el incremento en producción.

Las inversiones contempladas para los siguientes años ascienden a 7.4 mil millones de dólares o 141 mil millones de pesos. Ese monto será destinado –de acuerdo al plan de negocios– a Dos Bocas, por lo que limita la inversión a un proyecto productivo de dudable rendimiento y consecuentemente limita los recursos a la petrolera para elevar la producción. La reducción de la carga impositiva del 65 al 54 por ciento del 2020 al 2022 le dará recursos adicionales por 128 mil millones de pesos. Insuficiente si se toma en consideración que se necesitan al menos 15 mil millones de dólares anuales para poder elevar la producción a 2.67 millones de barriles para finales del sexenio.

Sin duda alguna, uno de los principales problemas a los que se ha enfrentado la petrolera es la falta de inversión en la administración pasada, amén de la disciplina fiscal. Con ello, la falta de inversión ha originado una caída en la producción petrolera. Sin embargo, vale la pena señalar que en sexenios anteriores se llegó a una producción máxima de 3.4 millones de barriles diarios en el año 2004, cuando Cantarell producía más de 2 millones de barriles diarios. A la fecha, no existe ningún campo con dicha capacidad productiva, mientras que el gobierno destinará sus esfuerzos a la extracción en aguas someras y campos territoriales. Esto tiene implicaciones en la parte de los costos de producción porque serán más elevados hacia adelante dada las eficiencias en los mismos y la disminución en la capacidad de extracción. De hecho, el costo por producir un barril en México asciende a cerca de 14 dólares, que si bien es de los más baratos en el mundo, se ha venido incrementando en los últimos años por el agotamiento de los diversos pozos de gran escala. El plan señala que el costo por producir el barril a partir del 2020 será de menos de 5 dólares, situación que se antoja difícil dado que no es de esperarse el descubrimiento de nuevos campos gigantes. Esto implica un costo menor que el de Arabia Saudita, que asciende a más de 5 dólares por barril, y que es el costo de producción más bajo del mundo. Por otro lado, hay que señalar que la productividad en barriles de Pemex por persona empleada, es de las menores del mundo.

Adicionalmente, Pemex tiene un problema estructural que el nuevo plan no aborda, que son los elevados pasivos laborales. En ese sentido, los pasivos contingentes ascienden a más de 1.1 billones de pesos y no se explica la estrategia de su fondeo.

Finalmente, en cuanto a los niveles de endeudamiento señala que no elevará la deuda, pero que buscará refinanciarla en los mercados locales, y a través del fondeo de la banca de desarrollo. Esto implica un mayor costo financiero.

En conclusión, el plan de Pemex se estima insuficiente, no resuelve la problemática de mediano y largo plazos. Las proyecciones presentadas son sumamente ambiciosas. El riesgo de ejecución es importante y la probabilidad de afectar negativamente las finanzas públicas aumenta de manera considerable.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.