'Billions': un coche de lujo sin motor
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'Billions': un coche de lujo sin motor

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'Billions': un coche de lujo sin motor

05/07/2019
Actualización 05/07/2019 - 15:43

Billions, serie creada por Brian Koppelman y David Levien, es un caso extraño en el horizonte televisivo actual, en el que tantos programas se desinflan después de la primera temporada. Billions no solo mejoró durante su segunda y tercera temporadas, sino que halló ritmo, tono y especificidades: los diálogos semishakespearianos de Chuck Rhoades (Paul Giamatti), las trampas imposiblemente bien ejecutadas que se tienden entre personajes, el uso constante de referencias a canciones y películas de otra época, y una obsesión culinaria que ahora adereza casi todos los episodios. De ser un drama mediano, sin identidad propia, Billions se transformó en un experimento singular dentro de la televisión estadounidense. Y eso es sin duda loable.

No obstante, aunque estos cambios refrescaron la segunda y tercera temporadas, ahora es evidente que se trató de ajustes cosméticos y, a la larga, superficiales. Koppelman y Levien hallaron una manera peculiar de decir las cosas, pero no parecen haberse puesto de acuerdo sobre qué quieren decir en referencia a ese 1 por ciento de Estados Unidos al que retratan. En tiempos de Trump, una serie que toca esos temas sin dar un punto de vista atrevido sobre ellos es una oportunidad perdida.

Más que un show sobre millonarios, la serie aborda la venganza como combustible tóxico. Es cierto que tanto Rhoades como Bobby Axelrod (Damian Lewis, ya en piloto automático) se vuelven más viles conforme avanzan los capítulos, pero dado que a Billions parecen estorbarle los vínculos afectivos de sus personajes, jamás nos duele cuando Rhoades o Axelrod pierden a sus respectivas esposas o a sus (invisibles) hijos. El matrimonio de Rhoades y Wendy (Maggie Siff), por ejemplo, nunca ha dejado de ser incomprensible. ¿Por qué están juntos? ¿Qué los une? A falta de una respuesta más compleja y humana, Koppelman y Levien se salen por la tangente de lo visualmente llamativo pero caricaturesco: una absurda afición por el sadomasoquismo.

Aunque Billions es entretenida y sorprendente, a menudo toma la ruta fácil. No solo de haute cuisine y referencias pop vive una serie.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.