'Chernobyl': una miniserie impecable
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'Chernobyl': una miniserie impecable

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'Chernobyl': una miniserie impecable

21/06/2019
Actualización 21/06/2019 - 15:18

Viendo Chernobyl vuelvo a dudar de si el formato y la duración que generalmente emplean las series de televisión son los adecuados. Más allá de los motivos económicos —si tiene sentido comercial exprimir la misma vaca durante varias temporadas— ¿no valdría la pena apoyar historias como Chernobyl, ambiciosas pero concretas? La miniserie, dirigida por Johan Renck y escrita por Craig Mazin, utiliza cada minuto de sus cinco episodios para narrar la tragedia de aquel reactor nuclear, desde la perspectiva de las víctimas (bomberos, científicos, civiles y hasta animales) y, por supuesto, de los culpables. El resultado es una serie aterradora sobre el costo de la ineptitud burocrática. Y no, lo que vemos no se percibe como una crítica pedante que un canal estadounidense hace del ocaso soviético. A pesar de su título, el mensaje de Chernobyl es pertinente en cualquier lugar, tenga ese sitio reactores nucleares o no. Y ese es sólo uno de sus muchos triunfos.

Chernobyl es notable en la acción y en la pausa, capaz de ensamblar secuencias tensísimas, como aquella en la que un grupo de voluntarios recoge los escombros radiactivos en el techo del reactor, pero también de darnos instantes de doloroso drama íntimo. Pienso en el inicio del cuarto episodio, en el que un soldado obliga a una campesina a dejar su granja. Renck sabe registrar el horror —esos bomberos y científicos con la piel viscosa y sangrante—, pero también tiene un ojo lírico, como aquella lluvia radiactiva en el llamado “puente de la muerte” que cubre a los testigos de la explosión como letales copos de nieve. Las subtramas, a veces contenidas en un solo episodio, jamás parecen desviaciones arbitrarias, incluso cuando no incluyen a nuestros protagonistas. Es digno de aplauso que nos atrape una línea entera sobre un nuevo recluta, al que no volveremos a ver, obligado a cazar a las mascotas que se quedaron a vivir en la zona de desastre.

Quizás el único bemol sea que, en el último capítulo, la red de incompetencia parece centrarse en un malvadísimo científico apellidado Dyatlov. Chernobyl es un show demasiado sofisticado para creer que un solo villanazo fue el culpable de un desastre tan complejo como este. Se trata de un problema menor, en todo caso. Chernobyl es de lo mejor del año.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.