'Stranger Things': ¿dónde quedó el horror?
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'Stranger Things': ¿dónde quedó el horror?

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'Stranger Things': ¿dónde quedó el horror?

12/07/2019
Actualización 12/07/2019 - 15:36

La primera temporada de Stranger Things, creada por los hermanos Duffer, causó merecida sensación: un homenaje a las películas de horror y ciencia ficción de los 80 que contaba con una atmósfera tétrica, una trama concreta y una serie de personajes memorables, entre los que destacó Eleven (Millie Bobby Brown), una niña con superpoderes. La segunda temporada se recargó aún más en las referencias a cintas ochenteras, con un mundo y una trama más amplios, pero no por eso mejor logrados. La acción pareció un refrito de Gremlins y Aliens, sin la mala leche de la primera ni el suspenso de la segunda. En su más reciente temporada, Stranger Things se libra de algunos de sus vicios, como su copia, cada vez más constante, de situaciones que ya habíamos visto en el cine de los 80. Aunque aún hay homenajes a clásicos como The Thing, The Blob, The Terminator o Invasion of the Body Snatchers, Stranger Things ya no parece derivativa.

Y eso sería una gran noticia si Stranger Things fuera un programa más seguro de su tono. La última temporada es tan ligera que por largos trechos parece un sitcom con cameos de monstruos. A pesar de que la serie solo cuenta con ocho episodios, las dinámicas entre personajes cansan, en gran medida porque los hermanos Duffer mantienen aislados a diversos grupos, con pocos momentos en los que se cruzan sus caminos. Esta decisión les exige mucho a Robin (Maya Hawke) y Steve Harrington (Joe Keery), quienes pasan gran parte de la temporada obligados a solo conversar entre sí. Lo mismo ocurre con Joyce (Winona Ryder) y Hopper (David Harbour), cuyo coqueteo al estilo Cheers termina por volverse repetitivo.

No obstante, el mayor problema es que Stranger Things ha perdido filo, misterio e intriga. El horror ha sido diluido para agradar a un público más amplio y joven, a pesar de instantes gore y de un último episodio espectacular. No es difícil calcar las situaciones o las estructuras empleadas por Carpenter, Spielberg o Chuck Russell. Lo difícil es generar el suspenso y el asombro que sus cintas provocaban. Y en eso, los hermanos Duffer, que acertaron en la primera temporada, aquí fracasan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.