'The Lion King' y los refritos sin sentido
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'The Lion King' y los refritos sin sentido

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'The Lion King' y los refritos sin sentido

02/08/2019
Actualización 02/08/2019 - 15:29

Vale la pena juzgar a los remakes sin contrastarlos con la película original. La nostalgia puede ser mala consejera: más allá de su calidad, los cambios que aplique una nueva versión pueden resultarnos negativos simplemente por el hecho de ser cambios. No obstante, dado que se adhieren con una fidelidad religiosa a los dibujos animados de donde provienen, a algunos de los recientes remakes de Disney es difícil no cotejarlos con las cintas originales. Los problemas de The Lion King, dirigida por Jon Favreau, son muy similares a los de Beauty and the Beast, con algunos añadidos. Se trata de un refrito innecesario por repetitivo, maniatado por una historia y unos números musicales que no funcionan lejos del pincel.

The Lion King es un despliegue tecnológico formidable y, al mismo tiempo, una experiencia apagada: todos los animales creados por computadora parecen auténticos y, sin embargo, al perder rasgos antropomórficos sus rostros y sus cuerpos no transmiten un ápice de lo que transmitían sus homólogos animados. Las necesidades de la historia exacerban este brete. No es fácil pedirle a un león –que se mueve y gesticula como león– que comunique sentimientos humanos, pero es ridículo pedirle que además de todo cante y baile. No hay momentos más planos en la película que los números musicales. Incluso si no los cotejamos con las secuencias originales, las canciones aquí son secas, grises.

Las voces de los protagonistas también parecen constreñidas por las nuevas creaciones computarizadas, por más simpatía que Billy Eichner, Seth Rogen o John Oliver intenten imprimirle a Timón, Pumba o Zazú. Pero no solo es eso: en contraste, hasta la edición, el diseño de audio y la fotografía carecen de la energía y el ritmo de la primera cinta, y para muestra basta comparar la estampida de esta versión con la de 1994. La película de dibujos animados utilizaba un abanico de recursos: dramáticos tiros contrapicados, tomas cenitales, audaces cortes de edición, travellings compensados como el de Vertigo. Favreau no emplea nada de eso: su falta de ingenio toca todos los apartados. Y, si no es para dar matices distintos, si no es para depurar la original, ¿para qué hacer un remake?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.