Consecuencias del desinterés
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Consecuencias del desinterés

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Consecuencias del desinterés

23/08/2019

Hoy vuelven a surgir comentarios sobre la insuficiencia de recursos presupuestales para las finanzas estatales y municipales, las cuales dependen en más de un 90 por ciento en sus ingresos de las transferencias federales; por un lado, las participaciones que son ingresos de libre disposición, y de las aportaciones, subsidios y convenios que son recursos condicionados a un fin específico. Por cierto, los ejercicios correctos de todos esos recursos pueden ser revisados por la ASF.

Si revisamos las finanzas de cualquier estado, veremos que hay un contraste entre lo recaudado por ellos y lo efectivamente gastado, que no es producto del esfuerzo local, sino del esfuerzo de las autoridades recaudatorias del gobierno federal, concretamente del SAT, así como derivados del Pacto Fiscal.

Si fuéramos fantasmas que observáramos, sin que nos vean, nunca veríamos en los cuartos de guerra estatales discusiones sobre los métodos, resultados o dinámica recaudatoria para los impuestos locales, pero si escucharíamos las cuitas de los responsables del gasto sobre la insuficiencia presupuestaria, las exigencias de las diversas áreas de la administración por recursos, o como gestionarlos ante la instancia federal, pero no se hablaría de recaudación. Se puso de moda hablar de “cuanto bajar”, cuanta deuda se puede contratar, en qué condiciones se realizará la reestructura, no para resolver el problema sino para brincar los tiempos y pasarlo a las generaciones futuras.

En las estadísticas de la deuda subnacional, los periodos de pago de la deuda se prolongan en el tiempo. Son procesos de “mercado” muy costosos y hay muchos ejemplos de reestructuras muy manoseadas con comisiones altas, y por lo menos un caso donde el agente de la misma después fue secretario de Finanzas estatal.

La solución siempre tiene que ser resultado del esfuerzo recaudatorio de cada entidad federativa y municipio, así como de una política de gasto con disciplina presupuestal y transparente, pero eso parece que ha sido lo más difícil.

Cierto, existe una concentración del poder recaudatorio en las finanzas federales, parecería sensato regresarles algunas facultades, aunque cuando se ha hecho no las aprovechan, como es el caso del impuesto a la tenencia, casi la mitad de los estados ya no lo recaudan.

Tienen la ventaja que no todos aprovechan de la colaboración administrativa en materia fiscal.

Finalmente existe una concentración de la recaudación en unos cuantos estados. Por ejemplo, con las reformas de 1990 a la fórmula de distribución de participaciones se introdujo para el caso del Fondo de Fomento Municipal un incentivo a la dinámica recaudatoria de predial y agua.

En el caso del predial, la Ciudad de México (CDMX) recauda, en datos reconocidos por la autoridad federal, casi el 34 por ciento del total y junto con el Estado de México (Edomex), que tiene el 10 por ciento, y Jalisco y Nuevo León, casi el 60. Es más, en solo cien municipios se concentra más del 80 por ciento.

Cifra que en número de municipios es insignificante, ante la concentración de la realidad municipal en el sur-sureste; en cuanto al monto de ingresos estatales, la CDMX, Edomex, Nuevo León y Jalisco rebasan la mitad de la recaudación estatal de ingresos propios.

Hoy los estados tienen recursos de gasto por las transferencias federales y su esfuerzo propio es muy limitado, en la mitad de los estados es menor al 10 por ciento.

Esto se refleja en la fiscalización, las auditorías locales de estados que no recaudan ni el cinco por ciento de sus ingresos totales, de no existir los convenios con la ASF sólo revisarían ese porcentaje, de ahí la necesidad de federalizar la fiscalización superior, para potenciarla, esto es hacerla más eficiente, con una mejor coordinación y con un nivel más homogéneo entre las diversas entidades federativas, atendiendo su nivel de desarrollo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.