El riesgo de más deuda
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El riesgo de más deuda

COMPARTIR

···
menu-trigger

El riesgo de más deuda

15/05/2020
Actualización 15/05/2020 - 14:49

El autor es el auditor Superior de la Federación .

Un tema que he abordado reiteradas veces es el de la de deuda de los estados y municipios, que aunque está concentrada en unas cuantas entidades, el servicio de la misma rebasa los cinco mil millones de pesos para varios de ellos, si multiplicamos por seis, estamos hablando de más de 230 mil millones de pesos, fundamentalmente de interés, claro renegociaciones que amplían el tiempo para pagar, que para algunos es negocio pero para las haciendas públicas de esas entidades es una carga, que no resolverán mientras mantenga su pereza recaudatoria un buen número de ellas, no solo por la cesión que hicieron desde 1980 de sus facultades recaudatorias más importantes, siendo el argumento, válido, para evitar en ese momento la doble tributación.

Por otro lado, la pereza recaudatoria de las facultades que les quedan, en la mayoría, los ha vuelto extremadamente dependientes de la recaudación federal participable.

En cuanto a la deuda federal, especialmente en los ochenta y noventa, un tema cuestionado siempre fue el del costo del servicio –amortización e intereses– de la deuda externa, siempre adelante el pago de intereses y después el pago de la misma. No en balde se hablaba en los ochenta de que la deuda era eterna, que nunca se pagaría y si se hacía no iba a ser la generación que la contrató, sino las generaciones futuras, esto es los hijos y yo diría los nietos, de los que hicieron la travesura de endeudar al país, en lugar de recaudar y gastar bien. Desde los noventa y los primeros años de este siglo se hizo un esfuerzo para reducir deuda e incrementar la recaudación, fortaleciendo la administración tributaria.

Efectivamente, se logró reducir el endeudamiento, de forma tal que entre 2003 y 2004, llegamos a no deber nada al Banco Mundial. Pero desde 2008 principalmente, con la crisis financiera fiscal que fue global, cuando en 2009 el PIB cayó más de 6.0 por ciento y, claro, con un efecto rebote en 2010, se volvieron a endeudar el país y los estados, ya que las reformas que se hicieron fueron para reforzar la recaudación de los impuestos indirectos, IVA y los IEPS, los cuales son muy regresivos. Los estados sufrieron un problema más dramático, ya que no se trabajó en reforzar las facultades recaudatorias de estados y municipios, sino que se crearon mecanismos novedosos para estimular el endeudamiento.

La deuda en 2006 fue de 160 mil millones de pesos; a fines de 2018 de casi 600 mil, siendo un poco más de 5.0 por ciento la municipal.

Hoy más deuda es un tema que merece estar en un espacio más amplio, de ahí lo interesante de las declaraciones del secretario de Hacienda y Crédito Público, respecto al estrecho espacio fiscal que tenemos frente a, por ejemplo, Estados Unidos y Alemania, para hacer frente a la pandemia por el Covid-19, ya que mientras la tasa de interés en esos dos países es prácticamente de cero, 0.25 en Canadá, en México promedia 6.0 por ciento.

Con datos de la Auditoría Superior de la Federación, en 2018 el saldo de la deuda del SPF fue de 46.1 por ciento del PIB, 45.5 al año pasado y el servicio de 21 por ciento.

Para tener una referencia mejor, en la fiscalización superior de la CP 2018, la ASF realizó un comparativo entre la inversión física del Sector Público Presupuestario y el costo financiero durante el periodo 2012-2018, el costo financiero representó 99.6 por ciento de la inversión física, lo que implica un alto costo de oportunidad que puede impactar en la provisión de bienes y servicios públicos.

El problema de pedir prestado es que se tiene que pagar algún día, recaudar más y gastar mejor, para que, además de pagar el servicio, se atiendan las necesidades de la población. En un país como el nuestro es responsabilidad de los tres órdenes de gobierno, pero no olvidemos las asimetrías en los niveles de desarrollo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.