La Liguilla tímida y perezosa
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La Liguilla tímida y perezosa

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La Liguilla tímida y perezosa

15/05/2019

Puede que me haya quedado con las esencias del futbol del mediodía del martes o miércoles de la semana pasada. Pero mi parpadeo (somnolencia) desde el sofá era una evidencia más que clara de que la Liguilla del futbol mexicano había comenzado de forma tímida y perezosa. ¿Los culpables? Los culpables estaban a la vista…

Ser o pretender ser “grande” en el futbol implica, sin ninguna clase de pretexto u objeción, que te comportes como tal en cualquier situación. Ni América, ni Tigres ni Rayados han tenido (deje usted la brillantez) la postura apropiada de lo que son o quieren ser para el futbol mexicano.

Dos de ellos apegados al reglamento. El otro, el América, presentando una faceta vergonzosa de su juego (no hizo un solo disparo directo a gol en todo el partido del domingo ante Cruz Azul). ¿Eso es grandeza? Especular, cuidar el marcador, arriesgar a que te hagan un gol y que todo se vaya a la “basura”. Es una verdadera pena porque, al final del día, esos clubes cuentan con una riqueza estructural que les lleva a presumir planteles de gran calidad y entrenadores de primer nivel. No tienen necesidad de jugar de tal forma ni tampoco de tomar una postura precautoria o temerosa. Si van a ser “grandes” deben jugar como “grandes”, en la situación y el momento que sea.

Lo del América fue, hasta cierto punto, “cobarde”. Salir a conservar la ventaja del jueves no corresponde a su reputación en Liguilla y en las situaciones más dramáticas y emocionantes del futbol mexicano. Un equipo cabizbajo, perdido, que se defendía y aprovechaba la debilidad del rival. Cruz Azul fue ímpetu y entrega, pero no tenía la calidad de futbol necesario para eliminar al América. Al final, con Marchesín como la figura, el América rescató una derrota mínima que le dio el pase a las semifinales. Nada que festejar. Con ese nivel futbolístico y con esa capacidad de especulación (postura), el León debe darles una buena lección entre jueves y domingo.

Lo de Tigres y lo de Rayados también alcanza el calificativo de infame. El equipo de Ferretti jugó “con fuego” durante gran parte de los 180 minutos de la eliminatoria. Me atrevería a decir que el Pachuca fue mejor en el balance global y que, si no fuera por Nahuel Guzmán, el desenlace habría sido diferente. Un Tigres sin el balón, sin ideas, sin inteligencia, dependió al final de un remate de cabeza del francés André Pierre Gignac para pasar a las semifinales, amparado en su mejor posición en la tabla durante el torneo regular. Y lo mismo sucedió con Rayados. Corrió con fortuna ante un Necaxa que le jugó una eliminatoria muy digna a pesar de que su propia directiva le había dado ya una “puñalada” artera vendiendo poco antes de la Liguilla a su mejor futbolista, el chileno Brian Fernández. Monterrey dependió de una genialidad de Rodolfo Pizarro y de las atajadas confiables de Marcelo Barovero. Pasó a semifinales, también, respaldado por su mejor posición en la tabla.

Los tres dependieron, finalmente, de sus porteros argentinos para estar donde están. Marchesín, Nahuel y Barovero firmaron el sufrido boleto de América, Tigres y Rayados a las semifinales, tres clubes que se jactan de ser “grandes”, que invierten cantidades exorbitantes en sus nóminas y que, al final, salen a jugar de forma “ratonera” y “miserable”… ¡Qué pena!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.