Una buena apuesta del presidente
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Una buena apuesta del presidente

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Una buena apuesta del presidente

04/07/2019
Actualización 04/07/2019 - 14:57
columnista
Eduardo Sojo
Érase una vez un Número

Los columnistas somos críticos frecuentes de las decisiones tomadas por parte del Ejecutivo federal y que bueno; criticar es la forma de ayudar a que el gobierno federal tome mejores decisiones, especialmente en un entorno donde los contrapesos están muy diluidos, como lo vimos en la aprobación de un Plan Nacional de Desarrollo, que no cumplía con los elementos mínimos para llamarlo plan de desarrollo.

No obstante, también hay que reconocer los aspectos positivos que se han dado durante esta administración, entre otros, la eliminación de los excesos en el gobierno federal, el aumento de los salarios reales, el apoyo al T-MEC, mantener en niveles aceptables el déficit primario, la pensión universal a los adultos mayores, la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo formal y la apuesta por el desarrollo del sur-sureste para equilibrar el desarrollo regional.

La apuesta por el desarrollo de la región sur-sureste se refleja no solo en los diagnósticos del Plan Nacional de Desarrollo sino también en el impulso de tres de sus más destacados proyectos de infraestructura, independientemente de que estemos o no de acuerdo con estos proyectos: El tren maya, ‘el más importante proyecto de infraestructura, desarrollo socioeconómico y turismo del presente sexenio’, el Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec cuyo objetivo es impulsar la economía de la región a través del Corredor Multimodal Interoceánico que ‘aprovechará la posición del Istmo para competir en los mercados mundiales de movilización de transporte de mercancías’ y la refinería de Dos Bocas, que es parte del ‘rescate del sector energético’.

La región sur-sureste esta conformada por nueve estados, Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán. Apostar por equilibrar el desarrollo impulsando esta región es una buena apuesta, porque si la región fuera una entidad federativa concentraría los más elevados índices de pobreza extrema del país (17 por ciento), aún considerando que al interior tenemos estados como Quintana Roo, Yucatán y Campeche que registran niveles de pobreza inferiores a la media nacional.

La región concentra 28.4 por ciento de la población, pero solo aporta 17.9 por ciento del PIB no petrolero y 15.2 por ciento de los asegurados en el IMSS, lo que muestra la presencia de una elevada economía informal de baja productividad; por otro lado, su baja participación en los flujos de inversión y comercio exterior, se reflejan en el hecho de que a pesar de que su participación en el PIB no petrolero es de 17.9 por ciento, el porcentaje correspondiente a las exportaciones es de 13.2 por ciento y el de los flujos de inversión extranjera directa 12.6 por ciento.

Pero no solo se trata de la región con mayores rezagos en el país, también es una región que poco a poco se va quedando más atrás, en pocas palabras: nuestro país se esta haciendo cada vez más desigual. El PIB per cápita no petrolero se ha incrementado en la región sur-sureste solo 11.0 por ciento en términos reales entre 2003 y 2017 (periodo para el cual existe información comparable), mientras que el promedio nacional se ha incrementado 21.0 por ciento. Otra comparación que puede ilustrar lo que ha pasado en ese periodo es el crecimiento en el PIB per cápita no petrolero que se ha observado en la Alianza Bajío-Centro-Occidente en que ha sido del 31 por ciento. La alianza formada por los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Querétaro y San Luis Potosí. Más aún, el PIB per cápita no petrolero de los estados fronterizos era el doble que la región sur-sureste en 2003, ahora es 2.15 mayor. Todo lo anterior, a pesar de que en esa región se encuentran estados que han venido creciendo arriba de la media nacional en ese período, como Quintana Roo, Yucatán o Puebla.

La enorme desigualdad regional que tenemos en nuestro país y el hecho de que la brecha entre los niveles de desarrollo de las distintas regiones se esté ampliando, son evidencia clara de que la apuesta por el desarrollo del sur-sureste es una buena apuesta; que bueno que varios programas y proyectos especiales del gobierno federal tengan como destino esta región, pero es importante que estén vinculados entre sí y con los esfuerzos de las entidades federativas y del sector privado. Recuerdo una frase del diputado Juan Carlos Romero Hicks cuando era gobernador de Guanajuato: ‘Los gobiernos frecuentemente hacemos micro esfuerzos macro desintegrados”.

Recordemos también las recomendaciones que Enrique Dávila (en paz descanse), Georgina Kessel y Santiago Levy hacían hace ya algunos años en un artículo denominado ‘El sur también existe’, en el sentido de que se requerirá interconectar la red de transporte carretero, ferroviario, marítimo y aéreo, al mercado interno y externo; y el diseño de políticas públicas que permitan impulsar el desarrollo de diversas actividades relacionados con el sector agropecuario, el forestal, la manufactura y el turismo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.