Ante la impotencia, por ahora sólo queda marchar
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Ante la impotencia, por ahora sólo queda marchar

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Ante la impotencia, por ahora sólo queda marchar

28/11/2019
Actualización 28/11/2019 - 13:30

Hace casi tres años, poco después de que el presidente Trump tomara posesión en Washington, cientos de miles de personas en Estados Unidos y en muchos países del mundo salimos a las calles a protestar por lo que ya se veía venir: un populismo de derecha, xenofóbico, antiecológico, y que había agarrado a México como su cochinito. La construcción del muro, los migrantes son terroristas y asesinos, el robo de empleos al establecerse empresas norteamericanas en México y un largo etcétera.

En aquella ocasión, meses después de que en muchos países ya había ocurrido, finalmente salimos a las calles en México para protestar. Hubo entonces dos marchas que convergieron en el Ángel de la Independencia, y cuyas consignas leían posturas en contra de Trump, y algunos grupos arremetieron también contra Peña Nieto. Como en muchas ocasiones, y por la misma pluralidad de la convocatoria, no había consistencia en las razones por las que se marchaba. En realidad no fue importante y pasó lo de siempre: el gobierno y la prensa minimizaron la fuerza de las marchas, las razones o sinrazones para llevarla a cabo, y hasta pleitos de algunos grupos que reclamaban la paternidad de la convocatoria. A mi modo de ver, eso no importó. Al menos dimos la cara por México ante los embates de Trump y se generó con claridad una animadversión hacia él que quizás ha evitado que visite nuestro país.

El próximo domingo se ha convocado, por numerosos grupos de la sociedad, a una marcha ciudadana en protesta por el rumbo al que este gobierno está llevando al país. Existe desacuerdo con su política de seguridad y la creciente inseguridad, con el estancamiento económico, con el apergollamiento y apropiación de algunos de los órganos autónomos como la CRE, el INAI, el INE y recientemente la CNDH, entre muchas otras causas. Cada quien tiene las suyas, y no faltarán grupos que incluso pidan la renuncia del presidente, tal como ocurrió hace tres años.

Sin lugar a dudas surgirán innumerables voces criticando la manifestación, habrá quienes minimizarán la asistencia, o subrayarán que las marchas en varias ciudades no tuvieron eco, que hubo radicalismos, y un número indeterminado de críticas de toda índole. Ante ellas, mi postura es simple: frente a la impotencia de influir de alguna manera, por pequeña incidencia que pueda tener, el grupo de ciudadanos SUMAMOS al que pertenezco en Puebla no nos queda más que mostrar nuestra inconformidad. No estamos de acuerdo con la política de seguridad y la militarización de las calles, tampoco con la destrucción de instituciones, con la pérdida de derechos ciudadanos, con los ataques a las organizaciones civiles, con la incompetencia en el manejo del gobierno y sus consecuencias de corto y mediano plazos, con el aumento de la inseguridad, con el retroceso económico por pésimas decisiones gubernamentales y sus prioridades presupuestales, con sus amenazas para cooptar el Poder Judicial y al árbitro electoral. No estamos de acuerdo con el avasallamiento del poder en una sola persona, con el que haya una sola voz, con el clientelismo electoral masivo y su institucionalización, con la violación sistemática de la ley por parte del gobierno, con la polarización social desde el poder.

También marchamos para recordarle al presidente López Obrador que sólo una tercera parte de los mexicanos votaron por él: 30 de casi 90 millones de personas registradas en la lista nominal. Con ese número ganó la Presidencia, sin discusión, pero hay al menos 60 millones de personas que no lo eligieron y que también contamos. Que aceptamos las reglas electorales existentes, que consideramos que las urnas son la única manera como debe accederse al poder y por eso lo reconocemos como presidente, pero al mismo tiempo le exigimos no tocar al Instituto Nacional Electoral, ni debilitarlo aún más.

Por ahora, dado que las próximas elecciones federales son hasta 2021, marchar es lo único que podemos hacer. Será hasta entonces cuando la ciudadanía se exprese y haga sentir su voz. Será entonces cuando decidirá si aprueba o no cómo se ha desempeñado el presidente de la República con su partido y sus aliados de conveniencia, que han avasallado a otros actores políticos, que han vituperado a personas que no piensan como ellos, sin recato alguno. Mientras eso sucede, mientras volvemos a las urnas, lo que nos queda es marchar este próximo 1 de diciembre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.