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Dinero ilegal en las elecciones de Puebla

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Dinero ilegal en las elecciones de Puebla

09/07/2020
Actualización 09/07/2020 - 15:33

Hace unos días la organización Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad presentó en Puebla una trilogía de investigaciones sobre el voto al mejor postor, durante las elecciones de 2018 y la extraordinaria de 2019. Estos procesos electorales fueron testigos de lo más podrido de nuestro sistema político electoral.

El uso de dinero para movilizar electores al gusto sin recato alguno, oídos sordos de la autoridad competente, prensa pagada para golpear mediáticamente hasta lo más ruin, amenazas de la autoridad estatal a presidentes municipales de oposición al gobierno, hasta llegar a la violencia con balazos que recordó los peores momentos de Maximino Ávila Camacho en la Puebla de los años cuarenta.

La realidad que retratan estos tres tomos sobre la política electoral del estado de Puebla es semejante, seguramente, a lo que ocurre en otras entidades del país. La organización de las estructuras electorales, con operadores a dos, tres y hasta cuatro niveles, dispuestos a sobornar a representantes de otros partidos en las casillas o incluso a los ciudadanos insaculados, es una herencia del antiguo PRI. El uso de los medios para denostar a un candidato en 2018 para luego ensalsarlo en 2019, como si fuera una nueva persona. La judicialización del proceso para distraer recursos, atención y tiempo de las campañas, a sabiendas que nada de eso tendrá consecuencias.

Quizás esa sea la realidad, la triste realidad que seguimos viviendo sin cambio alguno por la alternancia política después de 2000 y hasta la fecha. Las elecciones de gobernador de 2019 ya le tocaron al presidente López Obrador, y a un gobernador interino del PRIMOR que solapó, por decir lo menos, la operación electoral desde la Secretaría de Gobierno sin que la Fepade interviniera ni atendiera las denuncias por la violencia de la elección de 2018 hasta la fecha.

Este 'activismo' de organización electoral, que siempre ocurre, suele volverse determinante cuando hay poca afluencia a las urnas. Si la gente sale a votar, es difícil que su voluntad sea vencida por las estructuras electorales de corte mercenario. Pero si la afluencia es baja, esos electores, que tienen un número finito y abundan más en las zonas rurales, se vuelven definitorios. En el caso de Puebla en 2019, de acuerdo con el análisis de la votación a nivel casilla y a nivel sección electoral que aparecen en el tomo II de la trilogía, se puede observar que la votación dio un giro de 180 grados en ciertos casos. Casillas y secciones en las que el Partido Verde no había tenido casi ninguna votación en julio de 2018, menos de un año después esas casillas tuvieron más de 80 por ciento de participación con un voto prácticamente único hacia el Partido Verde. Lo mismo ocurrió en otros lugares con el Partido del Trabajo, en donde ganó casillas y secciones electorales de manera abrumadora cuando el año anterior difícilmente sus votos se podían contar por un par de decenas en el mejor de los casos. Esos votos de entusiastas votantes, ahora a un partido de oposición, fueron suficientes para voltear la elección en 2019. Sólo votó 31 por ciento del electorado.

Este es apenas uno de los temas tratados en estos tomos, coordinados por Alejandro Guillén y Sergio Mastretta, y que pueden bajarse libremente de la página electrónica de Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad.

Pero a pesar de estas realidades complejas y añejas, el voto de los ciudadanos se respeta mucho más con el INE de lo que se respetaba cuando la Secretaría de Gobernación organizaba las elecciones. Tenemos un sistema mucho mejor del que teníamos bajo la hegemonía del PRI. Por eso, el asedio al árbitro electoral que estamos presenciando por parte del gobierno actual debe ser rechazado por todos quienes creemos en un sistema democrático, a pesar de sus limitaciones y defectos que tiene. El guardián de las elecciones es la ciudadanía y la organización corre a cargo del INE. Tal cual. Y lo segundo. Si no queremos que el voto de unos cuantos electores sean el fiel de la balanza, debemos acudir a las urnas a ejercer nuestro derecho. Si no, ya sabemos lo que va a ocurrir.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.