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¿Por qué, señor presidente?

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¿Por qué, señor presidente?

16/07/2020
Actualización 16/07/2020 - 15:23

Universidad Iberoamericana de Puebla / Puebla contra la Corrupción e Impunidad .

Para muchas personas como yo, sigue resultando inexplicable el comportamiento del presidente López Obrador desde que ganó las elecciones el año pasado. De la gran esperanza que se tenía al contar con un presidente de centro-izquierda, en un país con tanta desigualdad que requería, y sigue requiriendo brindar oportunidades a todos, que necesitaba construir una sociedad más justa, donde todos fuéramos iguales ante la ley, donde no hubiera corrupción, donde el color de la piel no fuera determinante para obtener o no un empleo, donde la tasa de crecimiento fuera muy superior al 2.0 por ciento anual que habíamos registrado por años, hemos pasado a un estado de decepción, de desesperanza y desaliento.

Desde antes de la irrupción del coronavirus ya veíamos que ni la economía crecería, ni habría menos pobres, ni tendríamos una sociedad más justa e incluyente, ni habría un avance en la impartición de justicia y en ser parejos ante la ley. Más bien lo que estábamos observando era una fuerte concentración de poder en el presidente, dádivas y dinero entregado al Ejército fuera de toda lógica republicana, la cooptación, colonización o destrucción de diversos órganos constitucionales autónomos del Estado, la construcción de un país de un solo hombre.

El golpe de la pandemia ha recrudecido esas preocupaciones. La manera como el gobierno federal ha reaccionado ante ella nos lleva a muchos a un estado de abatimiento y desánimo que va más allá del que hemos sentido en el pasado por el actuar 'normal' de un presidente, con claroscuros y medidas que detestamos, con avances y retrocesos. En el caso de López Obrador el estado de ánimo es mucho más agudo y doloroso, es de desesperación al ver lo que está ocurriendo y que pareciera no tener fin. Pareciera que la finalidad del presidente es debilitar aún más al país, ponerlo de rodillas, y lo peor de todo, es que parece ser una decisión premeditada y perversa.

El desdén por el peligro de la pandemia, dejar que el contagio se dispersara sin control, sin siquiera hacer un esfuerzo por conocer en dónde se ubican los focos de infección mediante la realización de pruebas, sin proteger a nuestros médicos, enfermeras y personal sanitario que protestan por falta de equipo, insumos y capacitación (y que han muerto mucho más que en otros países por Covid-19), deja ver que se tomó la decisión de permitir un contagio de rebaño que si bien llevaría eventualmente a la inmunidad de la comunidad, costará miles y miles de muertes que se podrían haber evitado.

Y al mismo tiempo, el gobierno se rehusa a apoyar económicamente a la gente, salvo en una muy pequeña proporción. Su negación a asistir con ingresos de emergencia a las familias para poder quedarse en casa (un ingreso vital de emergencia por tres meses propuesto por Nosotrxs y legisladores de varios partidos), para confinarse y evitar el contagio, llevó a que tuvieran que pedir prestado a familiares y amigos, usaran la tarjeta de crédito o de plano dejaran de pagar por servicios que reciben. Otros perdieron el trabajo (más de un millón de empleos en el sector formal que se hubieran evitado parcialmente con un salario solidario como el propuesto por la Coparmex), y otros simplemente dejaron de buscar empleo. Los millones de familias afectadas están perdiendo en promedio 65 por ciento de sus ingresos. No podrán sobrevivir sin trabajar, en cualquier empleo, por más tiempo. Las empresas tampoco han sido apoyadas en la emergencia, ni siquiera para reconvertirse y ayudar en la lucha contra la pandemia fabricando insumos médicos y equipamiento, y casi medio millón de micros y pequeñas empresas han cerrado. El resultado es un empobrecimiento de la población. Aumentará la pobreza extrema entre seis y 10 millones de personas, habrá 4.3 millones más de jóvenes que no estudien ni trabajen, 12.2 millones de personas de clase media caerán en la pobreza. Para fin de año, México tendrá alrededor de 90 millones de pobres, casi 40 más que los que había en 2018.

¿Por qué? ¿Por qué usted, señor presidente López Obrador, no ha hecho lo necesario para evitar más muertes de las que realmente eran irremediables? ¿Por qué se ha rehusado a apoyar a los más necesitados en estos tiempos de emergencia para evitar más empobrecimiento? ¿Por qué ha decidido permitir que desaparezcan cientos de miles de fuentes de empleo al no apoyar a las empresas? ¿Por qué habrá provocado con ello que los niveles de vida de la población se mantengan estancados por muchos años? Sí, al menos seis años perdidos (el PIB real por persona que tendremos en 2024 será igual o inferior al que teníamos en 2018). ¿Por qué, señor presidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Por qué?, o ¿para qué?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.