El ‘disimulo’ fiscal
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El ‘disimulo’ fiscal

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El ‘disimulo’ fiscal

16/10/2019
Actualización 16/10/2019 - 8:29

En México tenemos la cultura del ‘disimulo’ fiscal.

Los contribuyentes fingimos pagar todo lo que nos corresponde y la autoridad fiscal finge que no abusa.

Las investigaciones en torno a la evasión que se han hecho durante los últimos años indican que en México evadimos porcentajes extraordinariamente elevados de lo que nos correspondería pagar.

La evasión se da en todas las escalas. Ocurre desde el empresario informal que tiene ingresos muy limitados, pero que, de cualquier manera, no paga un centavo de impuestos. Y llega hasta las más grandes corporaciones que desembolsan enormes cantidades de recursos para que los expertos encuentren todos los resquicios legales -y a veces no tanto- a través de los cuales se pueda reducir el pago de impuestos.

Pero, del otro lado, también la autoridad fiscal frecuentemente se ensaña con los contribuyentes cautivos y no hace los suficientes esfuerzos para asegurar el pago de quienes evaden. Es el patrullero que no persigue a quien va a 200 kilómetros por hora -a quien no va a alcanzar- sino al que va a 55 en una vía en la que no se pueden rebasar los 50.

La realidad es que tenemos en México una circunstancia en la cual hay ‘disimulo’ de las dos partes. Los contribuyentes reclaman la agresividad de la autoridad, pero no pagarían si no hubiera coacción. Y la autoridad esgrime certidumbre y Estado de derecho, pero como le conviene generar temor e incertidumbre, no duda en hacerlo.

Y, eso no es solo en la 4T. Hay en ello una larga historia.

Ayer, que se aprobaron las reformas a la ley de delincuencia organizada para equiparar ciertos tipos de defraudación fiscal a la delincuencia organizada se reafirmaron reclamos tanto del sector privado así como de la oposición.

Una parte de estos reclamos está plenamente justificada al señalar que la autoridad fiscal adquiere un nivel de discrecionalidad demasiado elevado que se percibe como amenazante.

Sin embargo, en el extremo, hay quienes quisieran que el SAT careciera por entero de dientes.

Lo que necesitamos es un punto de equilibrio en el cual la autoridad fiscal tenga los instrumentos que le permitan ejercer la autoridad necesaria pero al mismo tiempo que los contribuyentes encuentren la protección jurídica para defenderse en caso de acciones injustas.

La discusión ha adquirido un sesgo ideológico.

No se quieren admitir las múltiples vías de la evasión. Y la autoridad no parece sensible a los temores fundados de la concentración de poder y del exceso de discrecionalidad.

Es la tensión entre el poder del Estado y los derechos de los particulares. Pero, en un contexto de evasión escandalosa, que no se ha atinado a combatir con eficacia… y que no es solo la derivada de los vendedores informales en la vía pública.

Esa cultura, sin embargo, tiene tras de sí décadas de dilapidación y corrupción en el gasto público que ‘justifica’ el esfuerzo de los particulares por pagar menos.

Déjeme concluir con la expresión de un amigo que me refería que en su empresa eran “estupidamente cumplidos” en materia tributaria.

O, ¿alguna vez ha escuchado un hombre de empresa que se sienta orgulloso de pagar hasta el último centavo de sus obligaciones fiscales?

Cuando terminemos con el ‘disimulo’ fiscal que hoy nos caracteriza tal vez podamos discutir temas verdaderamente relevantes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.