El grado de inversión, en juego
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El grado de inversión, en juego

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El grado de inversión, en juego

14/11/2019
Actualización 14/11/2019 - 8:02

No me gustaría estar en los zapatos de Arturo Herrera. El secretario de Hacienda es un hombre talentoso, honesto y dedicado, pero, pese a sus cualidades, no le será fácil evitar que en 2020 nuestro país pierda el grado de inversión.

La encuesta mensual que realiza entre administradores de fondos Bank of America Merrill Lynch (BoAML), correspondiente al mes de noviembre, fue elocuente: el 77 por ciento de los 26 entrevistados (20 de ellos) señaló que las agencias calificadoras quitarían a nuestro país el grado de inversión en 2020.

Pero entonces, si eso es lo que creen, ¿por qué no abandonan los activos en pesos ante esa amenaza?

Porque no hay una fecha previsible para que esto suceda y nadie quiere ser el tonto que dejó de ganar rendimientos de más de 7 por ciento en bonos por haber ‘corrido’ de México antes de tiempo.

Sin embargo, resultados como el de este sondeo de BoAML o reportes como el que la semana pasada presentó la casa de inversión Morgan Stanley, en donde recomendaba no amarrarse a largo plazo en activos mexicanos, representan ya indicios claros de que se están observando riesgos crecientes.

El más inmediato tiene que ver con Pemex. Para que la empresa petrolera logre eludir en los siguientes seis meses una degradación de su deuda por parte de Moody’s tiene que darle la vuelta a sus resultados a través de la recuperación de la producción de crudo.

Hasta ahora, lo que sí se ha logrado es frenar la caída invirtiendo más, pero no está claro si la velocidad de recuperación de la producción petrolera será suficiente para impedir que se baje la nota a la deuda de Pemex.

El resultado generaría presiones alcistas sobre las tasas de interés en México y sobre el tipo de cambio, lo que a su vez repercutiría en las finanzas públicas.

Pero, quizás incluso más que Pemex, el reto mayor será demostrar en el curso de 2020 que las metas fiscales son alcanzables.

Los pocos resultados del mes de octubre que ya son conocidos nos hacen pensar que en el último trimestre quizás tengamos datos negativos en materia productiva y por tanto quizá cerraremos el año con números rojos en el PIB.

Si esta condición se prolongara a los primeros meses del siguiente año, lo más probable es que la recaudación empezaría a quedarse sistemáticamente por debajo de lo previsto, lo que sería un indicio de las dificultades para conseguir que se sostenga el superávit primario.

En ese escenario, tendrían que empezar los recortes al gasto público, los que causarían de nueva cuenta un sesgo recesivo.

Como aquí le hemos comentado, la buena noticia es que esta trayectoria se puede eludir. La mala es que hasta ahora el gobierno no ha tomado las decisiones que lleven a ello.

Veremos si finalmente el conjunto de proyectos de infraestructura que se presenta en dos semanas tiene el peso como para influir positivamente en la confianza.

Y, como aquí le hemos referido hasta aburrirlo, veremos si regresa la cordura y se anuncia que Pemex volverá a lanzar nuevamente las alianzas estratégicas con otras empresas (farmouts), así como la Secretaría de Energía la realización de licitaciones de bloques en aguas profundas del Golfo de México, en donde, ya se dijo, no invertirá Pemex. Ello cambiaría el ambiente positivamente.

Si contamos con algo de suerte, y además de lo anterior se ratifica el T-MEC antes de fin de año, entonces quizás podríamos sortear la tormenta y evitar la pérdida del grado de inversión.

Solo así.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.