Hace falta un ‘golpe de timón’
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Hace falta un ‘golpe de timón’

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Hace falta un ‘golpe de timón’

02/08/2019

Hace falta un ‘golpe de timón’ que restaure la confianza de los inversionistas… pues hubo uno que la derrumbó.

En la encuesta levantada por el Banco de México entre los especialistas del sector privado en octubre del año pasado, solo el 19 por ciento pensaba que entonces era un mal momento para realizar inversiones. El 11 por ciento pensaba que era un buen momento y el 70 por ciento decía no estar seguro.

Las cifras dadas a conocer el día de ayer indican que el 77 por ciento piensa que el actual es un mal momento para invertir; 17 por ciento no está seguro y solo el 6 por ciento considera que es un buen momento.

Pero, desde luego que el presidente López Obrador tiene otros datos.

En el 6 por ciento que consideran que éste es un buen momento, seguramente está Carlos Slim.

López Obrador señaló ayer que en la reunión que sostuvo con él, dijo que está dispuesto a invertir en México. “Él siempre ha manifestado que lo mejor es invertir en México”.

También habló el presidente de la comida que sostuvo, por invitación de Alberto Baillères, con un grupo de alrededor de 10 grandes empresarios.

“Fue un encuentro respetuoso. Se habló del país y de cómo sacar adelante a México, nadie habló que vayan a invertir en otros países por no haber condiciones en México”, dijo el presidente.

Debe reconocerse que López Obrador es quizás el más accesible de los presidentes de México para el mundo empresarial en los últimos sexenios. Además, es cortés, atento y agradable en su trato. Y obtiene reciprocidad de la mayoría de los empresarios.

Sin embargo, el presidente deberá distinguir entre las relaciones cordiales que sostiene con el mundo empresarial y la realidad de los negocios.

El próximo martes, el Inegi dará a conocer el comportamiento de la inversión fija bruta hasta el mes mayo. Este indicador es el que refleja las decisiones de inversión que se están tomando.

Hasta el mes de abril, teníamos un retroceso de -2.1 por ciento en el volumen de inversión realizado.

Los principios de sexenio son difíciles siempre en México. En 2013, el primer año de Peña, pese a que había entusiasmo entre los empresarios por las reformas estructurales, hubo una caída de la inversión de -3.4 por ciento.

En este año no se ven condiciones para que las cosas sean diferentes.

La inversión pública, que es la única de la que existen datos, cayó -17.3 por ciento en el primer semestre del año.

La construcción, que es un componente central de la inversión, tuvo una caída de -5.6 por ciento en los primeros cinco meses del año y retrocedió -10.3 por ciento en mayo.

Las importaciones de bienes de capital, otro componente relevante de la inversión, cayeron -18 por ciento en junio y tuvieron un retroceso promedio de -5.4 por ciento en el primer semestre.

Los datos relevantes nos dicen que más allá de los dichos, en los hechos la inversión productiva se está cayendo. Y podría caerse más aún, si no se toman decisiones que alienten la confianza.

Insisto que se pueden diseñar ‘golpes de confianza’ que, sin alterar en lo esencial las estrategias de este gobierno, den señales de que la inversión privada pueda apostar al futuro del país.

¿Por qué no anunciar que en el último trimestre del año se van a reanudar las subastas de bloques para la exploración y explotación de hidrocarburos? ¿O por qué no anunciar un acuerdo con los operadores de ductos para retirar las demandas?

¿Será posible? O ¿tendremos que resignarnos a la desconfianza crónica?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.