La desconfianza ya le pega al consumo
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La desconfianza ya le pega al consumo

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La desconfianza ya le pega al consumo

08/08/2019

El INEGI dio a conocer ayer que, en el mes de mayo, el consumo privado retrocedió en -0.2 por ciento respecto al mes de abril y en -0.3 por ciento respecto a mayo de 2018.

Si vemos las cifras de la serie de “tendencia-ciclo” de la propia institución, constatamos que después de llegar a un máximo en el mes de diciembre, a lo largo de este año, mes con mes, el consumo privado ha retrocedido levemente.

La caída, a mayo, es de -0.3 por ciento.

Lo singular de este comportamiento es que, si observamos la trayectoria de la masa salarial real del sector formal, es decir, el dinero real que hay en los hogares, entre enero y mayo hubo un crecimiento real de 2.2 por ciento, atribuible a un mayor nivel de empleo superior en 0.9 por ciento y a un crecimiento del salario real de 1.28 por ciento en ese lapso.

En ese mismo lapso, el sistema bancario entregó nuevos créditos al consumo por 15 mil millones de pesos. La tasa anual real de crecimiento fue de 1.8 por ciento y la tasa acumulada en estos cinco meses fue de 1.2 por ciento.

Y, pese a ello, retrocedió el consumo privado. ¿Por qué el mayor ingreso no se reflejó en un mayor consumo?

La respuesta la podemos encontrar en el índice de confianza del consumidor. Usando el indicador de “tendencia-ciclo” se observa que, en los primeros cinco meses del año, la confianza del consumidor retrocedió en -3.0 por ciento, y lo hizo de modo consistente, mes tras mes.

Aunque no hay nivel de desempleo ni caída del salario real que justifiquen una reducción de los niveles de consumo de las familias, la caída de la confianza sí explica que haya más cautela en el gasto y probablemente se esté usando su crédito apenas para el gasto en lo fundamental.

La caída del consumo privado se suma al fuerte retroceso de la inversión, especialmente de la construcción, y a la reducción del gasto público, para propiciar una caída de la demanda global.

Solo los sectores asociados a la exportación, siguen con aliento para poder crecer… por ahora, mientras en Estados Unidos no haya un tropezón mayor.

Este panorama es el que explica que la previsión del crecimiento del PIB para este año ya se ubique en el 0.6 por ciento, de acuerdo con el consenso.

De hecho, si no hubiera acciones que revirtieran las tendencias que hemos observado, veremos aún ajustes a la baja en esta expectativa que lo ubicarán por abajo del 0.5 por ciento en el promedio, con algunos de los más pesimistas, estimando una caída para el conjunto del año.

En esta columna he sostenido, y lo sigo pensando, que esta inercia a la baja es reversible, siempre y cuando se den una serie de cambios: señales positivas muy claras para recuperar la confianza de la inversión privada; una aceleración del gasto público en los meses que restan en este año, sobre todo de la inversión pública; la ratificación del T-MEC en el Congreso de Estados Unidos; un paquete económico que sea convincente para los inversionistas; un aumento de los niveles de producción de Pemex, como ofreció esta administración, por citar solamente algunos de los principales aspectos.

El gobierno ha cometido errores graves en la gestión de este año, comenzando con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y ahora enfrenta un panorama internacional adverso.

Respecto a lo que pase en EU, no hay manera de incidir, pero en México todavía es factible evitar que la situación se agrave.

¿Habrá conciencia de lo que se necesita? Ojalá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.