Nuestra falta de autocrítica
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Nuestra falta de autocrítica

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Nuestra falta de autocrítica

19/07/2019
Actualización 19/07/2019 - 7:46

Hay muchos que quisieran que al gobierno de López Obrador le fuera mal. Incluso muy mal.

Y es explicable. Para ellos, AMLO encarna el autoritarismo, el estatismo, la antidemocracia y súmele una buena cantidad de defectos.

¿Acaso piensan que el fracaso de un presidente en realidad significaría un desastre para el país? En principio, no.

En algunos casos, piensan que es mejor que el país se vaya a la crisis antes de que vaya a consolidarse en el poder un personaje como AMLO.

La hipótesis subyacente es que con AMLO tendremos una crisis en México. Y será financiera, económica, política y social. Si va a ocurrir –dicen–, mejor que pase pronto y que eventualmente implique que su gobierno se vuelva insostenible, y si es posible, que se caiga.

Ni por asomo admiten la posibilidad de que la administración de López Obrador tenga saldos positivos. Lo único discutible, dicen, es cuándo se presentará el desastre.

Lo más interesante del caso es que muchos de los críticos más furibundos contra AMLO también lo fueron contra Peña.

Decían el sexenio pasado: “no puede haber nada peor a lo que este gobierno significa”.

Contribuyeron de modo muy generoso al desastre en la opinión pública de la administración anterior.

Muchos contribuyeron a ‘ponerle la mesa’ a López Obrador.

Y hoy, ni cargo de conciencia tienen, pues a su parecer luchaban en contra de todos los defectos del viejo régimen, especialmente en contra de la corrupción.

Si el gobierno anterior fue un desastre y López Obrador arrasó en las elecciones, nosotros no tenemos ninguna responsabilidad, es la respuesta usual.

Como sociedad, nos encanta culpar de todo a los políticos. Es muy popular.

La llegada de López Obrador es culpa de la corrupción del gobierno de Peña y de la desmedida ambición de Ricardo Anaya, señalan.

¿Alguna vez ha visto usted siquiera un asomo de autocrítica de organismos de la sociedad civil? ¿Alguna ocasión ha escuchado –así sea en privado– una autocrítica que señale que quizás se ensañaron excesivamente con el gobierno de Peña sin percibir que eso iba a traer a López Obrador al poder?

Sé que estoy siendo políticamente incorrecto. En la visión dominante, la sociedad civil es siempre honesta y nunca se equivoca. Cuestionarla es imperdonable. Como para otros lo es el pueblo bueno y sabio.

Hoy, a mi juicio, se repite el esquema.

Bajo la visión actual, no puede haber nada peor que AMLO. Así que más vale criticarlo y si es posible, hasta tumbarlo.

No importa que esto pudiera implicar que el país se fuera a un caos financiero, económico, político y social. Reitero, dicen que peor ya no puede estar.

Claro que la situación puede estar mucho peor en lo económico, lo político y lo social.

Así como en el sexenio pasado, en mi opinión, el linchamiento contra Peña le dio finalmente muchos puntos a AMLO, ahora, la crítica generalizada, furibunda, y sin distingos al gobierno de López Obrador, puede estar abriendo paso a las peores tendencias que están dentro del gobierno.

Salvo que usted considere que la vía debe ser la rebelión contra el régimen o que en la administración pública todos son iguales, practicar la crítica generalizada y sin distingos nos va a poner en un país peor.

¿Cuál sería? No lo sé. El autoritarismo en pleno, quizás. El caudillismo. La tentación golpista. Reitero. No lo sé.

Pero sí tengo la certeza plena de que podemos estar peor. Mucho peor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.