Pemex: Un nuevo Plan de Negocios y una apertura de su capital
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Pemex: Un nuevo Plan de Negocios y una apertura de su capital

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Pemex: Un nuevo Plan de Negocios y una apertura de su capital

11/02/2019
Actualización 11/02/2019 - 10:24

El pasado 29 de enero la agencia de calificación de valores internacional Fitch redujo de un solo golpe la calificación de la deuda en dólares a Pemex en dos escalones situándola al borde del precipicio en BBB-, pero con 'perspectiva negativa', lo que implica una seria amenaza de degradarla en unos meses más a grado especulativo, quitándole el grado de inversión. La calificación que Fitch le asigna a Pemex en forma aislada es CCC, lo que se considera menos que basura, pero la BBB- se debe al apoyo implícito del gobierno. Fitch considera que los incentivos para soportar a Pemex por parte del gobierno son muy fuertes.

Curiosamente el presidente AMLO tachó de hipócritas a las agencias, por haber sido en el pasado cómplices en el encubrimiento del gran robo de hidrocarburos, y días después alabó a Moody’s por anunciar que no movería su calificación asignada en Baa3, diciendo que ésta era una calificadora seria, cuando en realidad el rating asignado por Moody’s es el equivalente al BBB- de Fitch, y representa también el último escalón del 'grado de inversión', con la diferencia de que la 'perspectiva' que le asigna Moody’s a la deuda es 'estable', lo que quiere decir que por ahora no la piensa mover, gracias a Dios.

Un día antes la SHCP anunciaba ya la intención de reducirle de nuevo la carga fiscal a Pemex. Se estaba hablando en principio de reducirle impuestos por el equivalente a 11 mil millones de pesos. Ahora se está hablando de una inyección de capital. Aunque todavía no se precisa el monto, suena que puede rondar el equivalente a mil 500 millones de dólares. En el Paquete Económico para el 2019 ya se tenían presupuestados 25 mil millones de pesos.

Este viernes pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador reafirmó que la intención de su gobierno es “rescatar a Pemex” y devolverle su solvencia económica. “La decisión ya está tomada”. ¿Suena bien?

Veamos algunas cifras para dimensionar el tamaño del problema: Tomando como base la información del último balance trimestral publicado por Pemex en su reporte a la CNBV a septiembre pasado tenemos lo siguiente:

Pemex cuenta con activos totales por 2.1 billones de pesos y registra un capital negativo por 1.5 billones de pesos. Debe 3.6 billones. Y de estos pasivos, la deuda financiera acumulada vía créditos y bonos colocados en los mercados financieros internacionales y nacionales suma 2.0 billones de pesos, equivalentes a un poco más de 100 mil millones de dólares. Sus vencimientos a menos de un año suman el equivalente a 10 mil millones de dólares. Este es en concreto el problema financiero de la empresa en el corto plazo. Otro problemita que presenta es el pasivo laboral que una vez restructurado se estima en 1.3 billones de pesos.

Con estas cifras astronómicas, y con su problemática crítica, ¿Qué monto de inyección de capital podría considerarse suficiente para remediar la crítica situación de Pemex? ¿Cree usted que con 11 mil millones de pesos de reducción de la carga fiscal y 30 mil millones de pesos de recursos frescos, lo que sumaría 2 mil millones de dólares se van a tranquilizar los mercados?

La culpa no es de AMLO, con dos meses en el poder, sino de 80 años de abusar de Pemex para financiar en exceso el gasto público y de mantener una pésima administración de la misma. AMLO heredó una empresa sobreendeudada y totalmente descapitalizada.

Reconfigurar las seis refinerías existentes para que puedan procesar el petróleo pesado que se produce en México puede ser entendido. Intentar incrementar la producción de crudo a dos millones de barriles con base en pozos en aguas someras y pozos abandonados con recursos propios, ya no suena tan convincente; construir dos refinerías desde cero, rechazar la opción del fracking, cerrar los ductos y distribuir con pipas, mantener precios controlados en las gasolinas y cancelar las rondas en aguas profundas en el Golfo, regresando a los contratos de servicios, parece no ser un buen modelo de negocios, en las circunstancias actuales. ¿Por qué no mejor lo replanteamos?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.