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Revisando motores

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Revisando motores

21/09/2020
Actualización 21/09/2020 - 12:11
columnista
Ernesto O'Farrill
Perspectiva Bursamétrica

El autor es presidente de Bursamétrica .

La semana pasada comentamos aquí en este espacio que parece ser que a varias economías internacionales y a la economía mexicana en particular se les está acabando la gasolina. El ímpetu de recuperación está perdiendo velocidad. Un vistazo a los indicadores de gerentes de compra de agosto para el sector servicios nos dice claramente que la recuperación de los mercados se desaceleró en forma generalizada. Nuestra estimación del IGAE de julio y agosto con base en nuestros indicadores oportunos IBAM e IBEM es de una caída de 12.5 y 10.5 por ciento anual, respectivamente.

A nivel mundial, la incertidumbre sobre las vacunas y los medicamentos contra el Covid-19 está retrasando las decisiones de inversión y de consumo. Pero en nuestro país, aparte de la pandemia, tenemos un entorno mucho más complejo, que nos lleva a tener proyecciones de recuperación de largo plazo mucho más pesimistas que lo que se está esperando para diversos países.

Gabriel Lozano, economista en jefe para México de JPMorgan, indicó en un foro virtual la semana pasada que el potencial de crecimiento para México ha bajado entre 80 a 100 puntos base. Si sus cálculos son correctos, esto quiere decir que si nuestro país solía crecer a la mediocre tasa de 2.3 por ciento (promedio al que crecimos en los últimos 30 años) ahora estaríamos creciendo a 1.5 por ciento anual, si bien nos va. Entonces podemos plantear que para que nuestra economía recupere el tamaño que teníamos en 2018, tardaremos entre seis y siete años. ¿Qué tan cierta pueden ser estas afirmaciones? Para esto hagamos una rápida revisión de motores.

Partiendo de la definición clásica del PIB del lado del gasto, en donde el PIB = Consumo + Inversión + Gasto gobierno + (Exportaciones – Importaciones) analicemos cada uno de ellos:

Gasto de consumo: Con una pérdida inicial de cerca de 12 millones de empleos tanto en la economía formal como en la informal, ya hemos tenido una recuperación importante a partir de la apertura de las actividades productivas y comerciales, sin embargo, aún quedan cerca de seis millones de personas que no han podido obtener ingresos. Del lado positivo, el flujo de remesas familiares ha sido impresionante, con un promedio de tres mil 500 millones de dólares mensuales. Es posible que el envío acumulado de remesas sume 40 mil millones este año, lo que beneficia al mercado interno. Sin embargo, el último reporte de la ANTAD nos presenta una contracción de 7.0 por ciento real anual en las ventas de las cadenas comerciales bajo tiendas comparables. No se ve cómo podamos normalizar al sector servicios y al consumo sin un incremento sustancial en los otros motores de la economía.

Gasto de inversión: La inversión fija bruta, que representa los gastos realizados en maquinaria y equipo de origen nacional e importado, así como los de construcción. En su comparación anual y en series desestacionalizadas, la inversión fija bruta se redujo en junio 25.2 por ciento anual luego de bajas cercanas a 38 por ciento en abril y en mayo. A su interior, los gastos en construcción descendieron 26.6 por ciento y en maquinaria y equipo total 25.3 por ciento con relación a los de igual mes de 2019. En el primer semestre, la inversión fija bruta fue menor en 22 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado. Refleja la crisis de confianza que se vive en México por una serie de políticas públicas erráticas, la falta de respeto al Estado de derecho y la creciente inseguridad.

Finanzas públicas: La caída de los ingresos petroleros y en la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) ocasionaron una nueva baja de los ingresos presupuestarios del gobierno federal, aunque esta se moderó a 13.3 por ciento anual en julio con la incipiente reapertura de la economía, luego de bajar 14.8 por ciento en junio. El Paquete Económico para 2021 plantea un presupuesto 3.0 por ciento menor en términos reales al de 2020, y un balance primario de 0.0 por ciento en términos de PIB. Es decir, el gasto del gobierno tampoco abona a facilitar el crecimiento sino al contrario.

Balanza en cuenta corriente: México esta teniendo un superávit en cuenta corriente, producto de un ligero déficit en la balanza comercial, menos un superávit en la balanza de servicios, por el flujo de remesas, a pesar de la fuerte contracción del turismo. La contracción del déficit comercial tiene que ver con la recuperación de las exportaciones y la importante contracción de la demanda agregada que hace disminuir las importaciones. El problema de un superávit primario es que junto a la extrema creación de dólares por parte de la Reserva Federal hace que el peso se fortalezca artificialmente.

La conclusión es que los cuatro motores están en reversa. Juegan en contra del crecimiento, del bienestar y del desarrollo.

Como podemos ver, el panorama para 2021 y los años subsecuentes no es nada alentador si no hacemos un esfuerzo conjunto sociedad y gobierno por restablecer el clima de confianza. El Presidente tiene esta decisión histórica en sus manos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.