Chapultepec: lugar de la memoria
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Chapultepec: lugar de la memoria

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Chapultepec: lugar de la memoria

10/09/2019
Actualización 10/09/2019 - 16:03

Uno. En colaboración con Galería de Historia. Museo del Caracol, el pasado 5 de septiembre el Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales, de la UNAM, celebró un encuentro alrededor de los festejos de la consumación de la Independencia de 1921, cuya organización correspondió al gobierno revolucionario de mi general Álvaro Obregón. Festejos que pintaron su raya frente a las porfirianas Fiestas del Centenario de 1910. A las que tachó de alejadas del pueblo, de vena aristócrata.

Dos. El Museo del Caracol, inaugurado dentro del Castillo de Chapultepec en 1960, responde a lo que podemos considerar el último jalón del Estado Revolucionario Educativo; y forma parte, con su audaz diseño museal, de una ristra integrada por el Museo del Virreinato, en Tepotzotlán, y del Museo Nacional de Historia y Antropología y del Museo de Arte Moderno, en pleno Paseo de la Reforma. Presidente de la República: Adolfo López Mateos (padrino de mi generación de abogados, 1962-1966). Titular de la SEP: Jaime Torres Bodet (segunda vuelta). En 1959 se había echado a andar a la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos.

Tres. El Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales, nacido en el seno del Macroproyecto “1818: 2010. La conformación del México intelectual Moderno y Contemporáneo”, cumple ya lustros de trabajos, de investigación, docencia y formación de cuadros, que le han permito facturar toda una metodología sobre el tema de las fiestas patrias (fiestas, claro, del poder). De la política de la memoria puesta en juego en cada ocasión, a la crónica oficial, pasando por el tipo de organización (anticipada en 1910, sobre la marcha en 1921), el programa y la obra pública. Metodología que habrá que cotejar con los festejos que el nuevo gobierno, autodeclarado cuarta transformación nacional, después de Independencia, Reforma y Revolución (aunque omitiendo el quid: la violencia social), tiene preparados para los días 15 y 16 de septiembre.

Cuatro. No son de poca monta las publicaciones, las sesiones y encuentros del SISHYMN (mi modo, las siglas): sobresaliendo el libro colectivo Asedios centenarios: 1910,1921, que, en 2008, y bajo el sello de Fondo de Cultura Económica, diera a la luz pública conteniendo sus principales propuestas para el análisis de festividades axiales, bajo la interconexión de por los menos cuatro campos: el de la historiografía, el del pensamiento, el de la educación y el de las letras (entendido este último en un sentido amplio: letras creativas en poesía y prosa, pero asimismo reglamentarias, historiográficas, periodísticas y memoriales, sin excluir la oralidad de discursos, proclamas, juego florales, etcétera).

Cinco. La visita al Bosque de Chapultepec es un viaje en el tiempo. Su frontera con Reforma, el Monumento a los Niños Héroes, el lago, el pasaje subterráneo al elevador que conduce al Alcázar (conservándose la maquinaria del original que transportaba a Porfirio Díaz), el Alcázar, mirador de las transformaciones no por fuerza memorables de la Ciudad de México (y escenario de no pocos pasajes de La sombra del caudillo), el impresionante Recinto de la Constitución en el que se celebra el encuentro. Que el arquitecto Ramírez Vázquez se las traía, se las traía. Impresionante el domo. Impresionante el águila, en alto relieve, debida a José Chávez Morado. Signos apoteósicos, amigo lector, de aquel discurso de exaltación nacional, nacionalista de los 60 (la década de la Segunda Revuelta Cultural del Siglo XX Mexicano, y del año de quiebre de 1968, tan cargado de “zonas oscuras”).

Seis. A lo largo de dos sesiones, matutina y vespertina, se examinaron los puntos centrales de los festejos de 1921. El álgido momento de las relaciones con Estados Unidos, la participación decidida de la prensa, la política de la memoria y sus símbolos puestos en juego, el concurso La India Bonita, etcétera, etcétera. Y las poderosas figuras protagónicas. El propio Obregón, José Vasconcelos (el rector de la UNM y artífice de la SEP, pero de inocultables ambiciones presidenciales), el ingeniero Alberto J. Pani (ingeniero a secas, e ingeniero de la política y sus crisis), Martín Luis Guzmán, secretario de la Comisión Organizadora. Y una Cámara de Diputados que ya quisiéramos.

Siete. En lo personal, no son pocas las enseñanzas, por ejemplo, el vínculo de las Exposiciones Universales con las Fiestas Patrias; el apremio de rescatar la inconclusa memoria oficial de 1921 y, por supuesto, mi gratitud al “núcleo duro” de nuestro semanario multidisciplinario, del que, en el campo de las letras, formo parte: Virginia Gudea, nuestra coordinadora (Historia), Alicia Azuela (Artes Plásticas), Guillermo Hurtado (Filosofía) y Lourdes Alvarado (Educación). Núcleo origen de una comunidad que, en lo teórico y en la praxis, actúa como tal.

Ocho. Y, desde luego, me ufano de la oportunidad del viaje en el tiempo. Bosque de Chapultepec: lugar de la memoria.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.