Hasta que se canse el ganso o colapse la economía nacional
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Hasta que se canse el ganso o colapse la economía nacional

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Hasta que se canse el ganso o colapse la economía nacional

18/02/2019
Actualización 18/02/2019 - 13:10

Haciendo un ejercicio de ficción, imagino un 1º de diciembre de 2018 en el que, como en escena de película en blanco y negro de los años 40, aparece un niño voceador gritando el encabezado de la primera plana del periódico que tiene en manos: “¡Extra! ¡Extra! ¡Llega López Obrador! ¡Inicia el sexenio del pueblo bueno!”. La gente, ataviada en trajes y vestidos de la época se arremolina alrededor del niño para comprar el diario y enterarse de todo lo que el nuevo presidente va a ofrecer, mientras la toma se va cerrando lentamente y se va a negros.

El año pasado, no se necesitaba de una bola de cristal o de poderes mágicos para predecir que, efectivamente, el sexenio de López Obrador podría ser recordado, entre otras cosas, por la prodigalidad de apoyos económicos otorgados a numerosos sectores de la población. Desde campaña ya se anunciaban con bombo y platillo el aumento a apoyos a adultos mayores y las becas para 'ninis'. En los primeros dos meses de su gobierno, se les sumaron apoyos para personas con discapacidad, para huachicoleros, para los padres de los niños de las estancias infantiles (eliminando el presupuesto para dichas estancias), para estudiantes de educación básica, media o media superior, para los campesinos, además de jugosos sueldos para choferes de pipas de Pemex que ganarán mucho más que profesionistas titulados en sus primeros años de trabajo.

El nuevo gobierno no quiere dejar a nadie fuera. Por lo menos, a ningún mexicano que se encuentre dentro del “pueblo bueno”, aquél sector que más votos le dio en la elección del año pasado y con los que podrá formar su estructura en los futuros procesos electorales. Todo fantasma de la compra anticipada del voto será exorcizado por el discurso del combate a la corrupción, la honestidad valiente, y el famoso ganso que acompaña al presidente en cada discurso.

Preocupa, por una parte, que las tarjetas de Banco Azteca, con las que repartirá el recurso, se conviertan rápidamente en tarjetas de lealtad: apostando por la necesidad -que sí es tal- de combatir la corrupción al cortar intermediarios entre el gobierno federal y el ciudadano a la hora de entregar los fondos, la nueva administración también apuesta por la cercanía con el pueblo de una manera muy provechosa. Muerto el intermediario, se muda la corrupción a otro trámite, y se fortalece la imagen dadivosa del Ejecutivo. Lo triste es que está olvidando por completo que los recursos que estará regalando son recursos que se generan vía los ingresos de la Federación; gran parte de ellos, del trabajo de los mexicanos que día a día se esfuerzan por ser gente productiva (lamentablemente, este es uno de los segmentos de la sociedad que ha olvidado el nuevo jefe del Ejecutivo).

Por otra parte, siguen sonando alarmas en el ámbito económico y financiero. Hace un par de semanas, López Obrador dijo que se darían apoyos a estudiantes “hasta que se canse el ganso”. La pregunta que muchos se hacen es quién se cansará primero: el ganso o la economía nacional. A este ritmo, el espectro de los apoyos del gobierno federal seguirá ampliándose, y los actos de magia fiscales tendrán lugar junto a los actos de faquir de una administración austera para poder alimentar una amplia cartera de ciudadanos que, ya se verá, tendrán que decidir entre la honestidad y la moralidad que propone el mandatario, o la comodidad de vivir gracias al dinero de todos los mexicanos, dando poco o nada a cambio.

La forma de desvirtuar lo que para López Obrador, en el discurso, es tan virtuoso no pasará desapercibida para más de un mexicano. Veremos, con el tiempo, cómo se resuelve esta encrucijada. No creo que tardemos mucho en descubrir complicados esquemas con los que se abusa de los apoyos, o a algún ingenioso funcionario que encontró la forma de sacarles provecho de forma individual. Queda pendiente, también, ver si una buena parte de nuestra sociedad se deja seducir por el opio del paternalismo que durante décadas ha adormecido a nuestra nación.

No debemos perder de vista un punto delicado de todo este asunto: usando el dinero de todos los mexicanos, el nuevo gobierno le hace creer al “pueblo bueno” que es él quien, contra viento y marea, redistribuye la riqueza (aunque esto sea una mentira). De paso, infla el número de personas que viven de los programas sociales sin que, necesariamente, sean las más necesitadas. AMLO saluda con sombrero ajeno y recibe, a cambio, infinita gratitud y lealtad. En las siguientes elecciones saldrá a cosechar lo que va plantando con sus “programas sociales”.

Para algunos, todo es alegría. Ya hay filas de gente esperando los apoyos anunciados. Los votantes de López Obrador se regocijan, se fortalece la lealtad a su líder. Se forma una burbuja en parte de la opinión pública dentro de la cual parece que las cosas están bien en México. Desde nuestro Debate Puntual, nos preocupa el momento en que la burbuja estalle.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.