La rebelión azul
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La rebelión azul

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La rebelión azul

15/07/2019

No se habían cumplido 72 horas de la fastuosa ceremonia que marcó el arranque de la operación formal de la nueva policía nacional, cuando ya enfrentaba el primer acto de protesta masiva de uno de los contingentes considerados en su integración.

Más allá de la sugerencia de la mano negra y de la negociación obligada que llevó a sus directivos de más alto nivel a flexibilizar el proceso de transferencia de los policías federales a la Guardia Nacional, es pertinente reflexionar sobre el significado de la protesta de una fuerza federal de esa magnitud y características, que se supone, normativamente, institucional y disciplinada.

Dejando al margen la posible preconcepción por parte de intereses aviesos o las legítimas motivaciones en defensa de derechos laborales, la rebelión azul sienta un peligroso precedente para la integración y funcionamiento eficaz de la nueva institución en la que se ha fincado la esperanza política y social para recuperar la paz y la tranquilidad de los mexicanos.

Uno de los planteamientos específicos de los policías es el rechazo a la autoridad de los mandos militares, que, en estricto sentido, constituyen la columna vertebral, la estructura jerárquica de la nueva policía nacional. No se trata sólo de un conflicto laboral, sino de un sensible problema de orden disciplinario, que pronostica, al menos, conflictos de sujeción a normas en el futuro.

Ciertamente es impensable, por razones de equidad, moral, disciplina y elemental justicia, un tratamiento diferenciado entre soldados, marinos y policías, en una estructura piramidal, jerarquizada funcionalmente, que se pretende sólidamente amalgamada para asumir la delicada y apremiante misión de recuperar la seguridad pública en condiciones de fortaleza, reputación y respaldo social.

La atención a sus conflictos domésticos, la cohesión interna, su unidad doctrinal y la identidad moral e intelectual del cuerpo naciente, es condición indispensable para estar en capacidad de hacer frente a los desafíos que presenta la crucial circunstancia de cambio en el país: alta complejidad y creciente incertidumbre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.