A la memoria de Don Alfredo Del Mazo González (I)
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A la memoria de Don Alfredo Del Mazo González (I)

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A la memoria de Don Alfredo Del Mazo González (I)

11/02/2019

“Honrar honra”

Estoy convencido que hoy en día es muy conveniente honrar, reconocer y distinguir a personas que durante su vida han realizado labores destacadas. La frase célebre de nuestro premio Nobel Octavio Paz “La mucha luz es como la mucha sombra, no dejan ver” implica que la vida está llena de matices, de tonalidades más que de extremos buenos o malos. De ahí la importancia de lograr percibir los aspectos destacados y valiosos de los mexicanos ante la facilidad que implica destruir y la dificultad para expresar resultados trascendentes para la sociedad.

En la historia de nuestro país hay muchos hombres extraordinarios y valiosos que han destacado por su labor al frente de las tareas que les ha correspondido desempeñar. Alfredo Del Mazo González, es uno de esos hombres que implantó nuevas e innovadoras fórmulas de hacer las cosas en el servicio público, así como en el modo de Gobernar. A un mes de su fallecimiento le rindo este sencillo pero sentido reconocimiento.

Tuve la oportunidad de conocer a Don Alfredo, a quien he considerado como un extraordinario amigo, gracias a otro gran hombre, abogado, servidor público y político: Miguel de la Madrid Hurtado. En los años 70 trabajaba yo a la edad de 26 años en el Banco de México (Banxico), como delegado de FOMEX en el noroeste del país, cuando el subsecretario de la Madrid me llamo para invitarme a colaborar en la Secretaría de Hacienda (SHCP) como subdirector de Deuda Pública, bajo el mando de Alfredo Del Mazo González. Confieso que en ese momento mi ilusión era desarrollarme profesionalmente en el Banco de México y siendo ya un funcionario a tan corta edad, me permitía visualizar un futuro prometedor en la institución.

Me entrevisté con Del Mazo González a quien yo identificaba por el prestigio de su apellido, con una clara idea de disculparme y agradecer el ofrecimiento; sin embargo debo aceptar que tuve una muy favorable y grata impresión al conversar con él: su personalidad , su porte, su seguridad, su amabilidad, pero sobre todo que ya tenía en mente todos mis antecedentes académicos y profesionales, mi estudios, mi maestría en la Universidad de Michigan y varios aspectos familiares, todo lo cual me dejaba ver su sensibilidad, su calidad humana y su gran trato personal.

Acepte la invitación, lo cual le comunique personalmente a mi próximo superior Miguel de la Madrid y 30 días después estaba incorporándome como subdirector Jurídico de Deuda Pública. Así inició una larga y estrecha relación en principio de equipo de trabajo y posteriormente de amistad personal y familiar.

Alfredo Del Mazo González, fue un profesional de la administración pública y de la política. Poseedor de una trayectoria excepcional y exitosa, en un principio siendo muy joven en posiciones relevantes de la banca privada y social, como funcionario importante de Banco Comercial Mexicano, director General del Banco Obrero, vicepresidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Seguros, director de Deuda Publica y de Instituciones Nacionales de Crédito y posteriormente como director general del INFONAVIT, y embajador de México en Bélgica, Luxemburgo y ante la Comunidad Económica Europea.

Como gobernador del Estado de México dejó una huella de trascendencia por múltiples motivos: implantó innovadoras formas para realizar la función pública y de gobierno; institucionalizó el diálogo con la sociedad a través de una consulta popular sistemática y permanente. En campaña y durante su gobierno destinó muchas horas a escuchar a todos los sectores de la sociedad.

Del Mazo González tenía una gran habilidad para identificar las capacidades de sus colaboradores. Como líder lo primero que hacía al iniciar un cargo era seleccionar a un equipo de trabajo preparado, leal, experimentado y con alto sentido social, que en su trabajo individual y colectivo tuviera la capacidad para organizar y desarrollar la difícil y exigente función pública.

El gabinete seleccionado por Del Mazo González cuando fue gobernador del Estado de México ha sido calificado como uno de los mejores en la historia del estado mexiquense. Mujeres y hombres con prestigio probado en tareas previas a los que se les asignó un plan de trabajo innovador y exigente que buscaba controlar los problemas que implicaba gobernar a la entidad con mayor crecimiento poblacional, que también padecía una gran inseguridad pública con la policía más desprestigiada del país, el BARAPEM, y que atraía migrantes de muchos estados del país.

El reto de gobernar el Estado de México era desafiante. En principio corregir el grave problema de la inseguridad pública y lograr que los policías estatales y municipales tuvieran mayor funcionalidad presencia y eficiencia era otro gran reto.

Con esa motivación e inspirado en su visión de estado, Del Mazo tomó la determinación de desaparecer integralmente al BARAPEM, seleccionar a los elementos buenos y capacitarlos con una nueva mística de servicio; integró la nueva policía estatal con base en una carrera civil policial. Se constituyó el primer colegio de policía estatal, se promulgó una nueva ley de seguridad pública y se estableció un nuevo mecanismo de seguridad pública cercano al ciudadano con base en los “Tecallis”, pequeños módulos bien presentados y equipados, con un radio de acción específico en una colonia, con la clara responsabilidad de darle seguridad a los habitantes de su circunscripción, presentándose los policías responsables casa por casa y dando el teléfono del Tecalli para reportar cualquier emergencia o incidente. En fin, muchísimas acciones más de seguridad que permitieron que la paz y la tranquilidad regresaran al estado. Este mecanismo de seguridad pública fue adoptado por diversas entidades del país incluida la capital de la República. (Continuará)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.