Coronavirus: algo le enseñó a la OMS la crisis del SARS
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Coronavirus: algo le enseñó a la OMS la crisis del SARS

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Coronavirus: algo le enseñó a la OMS la crisis del SARS

24/01/2020

En abril de 2003, la Organización Mundial de la Salud emitió una alerta con la que recomendaba a todo el mundo no viajar -a menos que fuera estrictamente necesario- a Hong Kong y a la provincia china de Guangdong, debido a los casos de una enfermedad que entonces causó pánico global: el Síndrome Respiratorio Agudo Grave, denominado simplemente SARS.

Días después, la OMS extendió esta recomendación a otra ciudad de China: Shanxi y hasta la propia capital Beijing. La crisis, que había brotado en esa nación asiática, se había tornado severa y amenazaba con convertirse en una pandemia.

La organización explicó que la decisión de recomendar la restricción a esas metrópolis la habían tomado después de evaluar la información proporcionada por el gobierno chino acerca de la magnitud del brote de SARS, así como de revisar las pruebas de que los visitantes que se contagiaban exportaban este mal a otras regiones del mundo.

Pero este conflicto, esencialmente de salud pública, se convirtió en una crisis diplomática cuando, en esos mismos días, la OMS incluyó en la lista de ciudades peligrosas a Toronto, a donde la enfermedad había llegado en avión, en viajeros infectados que regresaban de la nación asiática.

La determinación de extender la restricción hasta esta importante ciudad canadiense se debió a que la OMS observó que el brote seguía aumentando, afectando a personas que inicialmente no estaban en los grupos de riesgo, como los trabajadores del sector salud, las familias y hasta los amigos de los pacientes.

Obviamente, tal recomendación afectó el flujo de turistas y de negocios hacia Toronto, detonando el enojo del gobierno de Canadá, porque la afectación alcanzó a todo el país. En la mente de los potenciales visitantes, “no viajar a Toronto” se tradujo en “no viajar a Canadá”, sin tomar en cuenta que es uno de los países más grandes del mundo y que, por ejemplo, Vancouver o Calgary se encuentran a miles de kilómetros de Toronto.

Hace 17 años, México comenzaba a despegar como un importante emisor de turistas a destinos canadienses y por esos días el embajador de Canadá en nuestro país citó a una conferencia de prensa para acusar, verdaderamente iracundo, que las autoridades de la OMS se habían precipitado, actuando irresponsablemente al clasificar a Toronto como una urbe con foco rojo.

Siempre resulta muy complicado determinar si una decisión de esa naturaleza es correcta o exagerada, pero al menos en el tema de que habría un daño económico los canadienses no se equivocaron: un par de meses después, la Oficina de Estadísticas de Canadá informó que en aquel abril la economía del país se había contraído 0.2 por ciento, comparado con marzo, debido a la disminución de la producción manufacturera y a que el SARS había afectado la llegada de turistas.

Un cable de la agencia Reuters, fechado el 30 de junio de 2003, informaba que “Canadá fue el único país fuera de Asia donde el SARS causó muertes, y el brote de la enfermedad obligó a posponer varias conferencias y convenciones en Toronto, la ciudad más grande del país y su principal centro financiero”.

Hoy, poco más de tres lustros después, China vuelve a preocupar al mundo con la aparición de otra enfermedad infecciosa: el coronavirus, que tiene su epicentro en Wuhan, ciudad con 19 millones de habitantes, y capital de la provincia de Hubei, región que alberga una población de 58 millones.

A unas cuantas semanas de haber aparecido, el saldo hasta ayer era de más de 500 personas infectadas en ocho países, y 17 muertos. Y ahora son las propias autoridades chinas quienes determinaron aislar a la ciudad del brote, cerrando su aeropuerto, estaciones de trenes y camiones. Que nadie salga y que nadie entre es el objetivo, para evitar una propagación a mayor escala que la que ya se dio, la cual, por fortuna, es pequeña hasta el momento: cuatro casos en Tailandia, y un solo caso en Japón, Corea del Sur, Taiwán y Estados Unidos. El resto se concentra en territorio chino.

Por lo que sabemos, parece ser que ahora las autoridades de la OMS serán más cautas. Hace dos días, el director de la OMS, Adhanom Ghebreyesus, afirmó: “Declarar o no una emergencia sanitaria pública de alcance internacional es una decisión que me tomo muy en serio y la asumiría teniendo en cuenta las pruebas disponibles”. Quizá la vieja crisis del SARS les enseñó algo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.