Seis meses de gobierno, ¿cambio de régimen?
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Seis meses de gobierno, ¿cambio de régimen?

COMPARTIR

···
menu-trigger

Seis meses de gobierno, ¿cambio de régimen?

03/06/2019
Actualización 03/06/2019 - 12:28

Seis meses son un tiempo breve para evaluar los cambios anunciados por el nuevo gobierno, pero es suficiente para vislumbrar con claridad los grandes objetivos que se persiguen y los mecanismos que se utilizarán para lograrlos y, con ello, hacernos una idea de hacia dónde nos dirigimos.

El presidente López Obrador ha insistido en que se propone un cambio de régimen que entierre al neoliberalismo y reconfigure un nuevo pacto social para lograr el bienestar general de la población. Algunos de los ejes principales de su propuesta son dignos de celebración: separar el poder político del poder económico, erradicar la corrupción, impulsar la democracia participativa, acatar la ley con una nueva ética social. Sin embargo, la manera como se están poniendo en práctica las acciones encaminadas a implantar el nuevo paradigma, muestra francos rasgos autoritarios que resultan preocupantes para la sustentabilidad de nuestra frágil democracia.

Por muy legítimo que sea el gobierno de la 4T y por esperanzadores que sean los propósitos que lo animan, no puede justificarse que las decisiones y acciones se adopten a cualquier costo, sin consideración alguna de las consecuencias que pueden tener sobre la salud de nuestro sistema democrático, salvo que el nuevo paradigma no tenga previsto fortalecerlo, sino sustituirlo.

Por hartazgo, pero con la esperanza de construir algo mejor, los mexicanos entregamos el poder a un solo hombre, y a seis meses de iniciado el gobierno estamos ante un escenario de fuerte centralización personalizada del poder que abarca a los ámbitos político, económico, cultural, de seguridad, e incluso de la moral pública. Dicha centralización está minando los resortes institucionales que son indispensables para una democracia, como son los pesos y contrapesos.

El fuerte arrastre de la figura de López Obrador le permitió conformar un gobierno de mayoría en el Congreso federal, además de que Morena tiene mayoría relativa o absoluta en 19 congresos estatales, que muy probablemente después de las elecciones de ayer se conviertan en 23. Tales mayorías son legítimas porque están avaladas por una real competencia política en la que los electores decidieron libremente; sin embargo, los límites a la concentración del poder se han debilitado, en buena medida por el desplome de los demás partidos políticos, pero también porque se han reducido los espacios de deliberación plural en un contexto de apresuramiento del gobierno para sacar adelante las reformas que requieren sus proyectos prioritarios.

El problema de la fuerte centralización personalizada del poder está afectando los cimientos de nuestro incipiente régimen democrático, pues no se están cumpliendo las normas para ejecutarlos; no existen diagnósticos probados que los sustenten ni rutas de acción avaladas por cálculos técnicos que les den viabilidad, además de que se rechaza consultar a expertos, o siquiera atender los reclamos de los grupos y pueblos originarios que eventualmente se verán afectados por tales proyectos.

La centralización personalizada del gobierno de López Obrador está arropada por una presencia mediática inédita de la figura presidencial, que se proyecta día a día a través de las 'mañaneras', que no sólo fijan la agenda, sino que hacen que las noticias estén marcadas por una evidente asimetría informativa. El discurso omnipresente de AMLO reprueba y estigmatiza a algunos, o autoriza y premia a otros, alimentando la polarización de la sociedad, desacreditando la deliberación abierta y plural. Un problema adicional es que el propio lenguaje presidencial se ha degradado, degradando también a los adversarios.

No hay democracia sin herramientas de contención del poder; es decir, sin pesos y contrapesos institucionales y sociales, horizontales y verticales, que pongan diques a la concentración del poder y que fomenten la responsabilidad de los gobernantes. A seis meses de instalado en nuevo gobierno, vale la pena recordar la reflexión de los padres fundadores de la Constitución de Estados Unidos a finales del siglo XVIII, sobre la necesidad de preservar dichos controles para evitar cualquier forma de tiranía, incluso la de las mayorías.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.