Sin política para la radio pública
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Sin política para la radio pública

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Sin política para la radio pública

01/07/2019
Actualización 01/07/2019 - 14:06

Hoy, el presidente López Obrador celebra un año de haber ganado las elecciones con el ofrecimiento de cambiar las cosas para hacer historia juntos, pero ¿puede lograrse dicho propósito sin una política clara para los medios públicos de comunicación? Si convenimos que dichos medios públicos son los agentes del Estado, cuyo cometido es fomentar la libertad de pensamiento y de expresión, garantizar los derechos de las audiencias a contar con información de calidad y promover las manifestaciones más diversas de nuestra cultura, entenderemos la relevancia que tienen para un proyecto de nación como el prometido por la presente administración.

El caso reciente de los recortes al IMER, que implicaron el despido de cerca de 240 empleados de las 18 emisoras que lo conforman, hicieron que su directora, Aleida Calleja, tuviera que cancelar programas de contenidos noticiosos o de debates entre expertos sobre temas de interés colectivo, o incluso limitar las transmisiones de una emisora como Reactor 105.7 para difundir sólo música y así abatir los costos de operación.

La reducción presupuestaria afectó directamente la operación sustantiva del Instituto, y preocupados por ello, los integrantes del Consejo Ciudadano del IMER lanzaron una llamada de alerta por los riesgos que ello implicaba para la línea editorial del Instituto, comprometida con espacios de calidad y abiertos a la crítica.

La protesta de la comunidad académica y artística obligó al gobierno a rectificar, restituyéndole al IMER 19.3 millones de pesos, lo cual es una buena noticia. Sin embargo, el hecho de que el presidente reconociera que no estaba al tanto de que las medidas de austeridad hubieran afectado a los trabajadores de dicha entidad, es una muestra de que el gobierno carece de una política ya no digamos integral, sino al menos clara, sobre la radio pública. Lo que hemos visto son acciones reactivas, con una única línea consistente, que es la de la austeridad.

AMLO explicó que los recortes sólo deben hacerse a “los de arriba”, para quitar “el copete” y, en sintonía con ello, Jesús Ramírez, encargado de Comunicación Social de Presidencia, agregó que “no habría despidos, pero tampoco incrementos presupuestales”. Si como bien dijo Jenaro Villamil, director del Sistema Público de Radiodifusión, los gobiernos anteriores devastaron al IMER, la pregunta pertinente es si se puede rescatar al Instituto infringiéndole nuevos recortes, sin que estos respondan a una idea clara de qué hacer con la radio pública. De entrada, si no se resuelve la situación laboral de buena parte de los empleados del IMER que trabajan por honorarios, difícilmente se podrá planear un horizonte de mediano plazo para el Instituto.

El intento de afectación presupuestaria al IMER contrasta con lo que se aprecia en otros medios públicos, como es el Canal 11, en donde nuevos programas estelares de discusión confunden la función estatal con una abierta promoción del gobierno, o como Notimex, la agencia de noticias del Estado mexicano, que ha difundido notas informativas en contra de partidos de oposición o denostado a algunos grupos sociales, como a los estudiantes del ITAM, en una burda defensa del gobierno actual.

Resulta muy preocupante que en aras del ahorro, que hasta ahora aparece como el radar por excelencia del gobierno, se dañen los espacios públicos radiofónicos, que se distinguen de los medios comerciales y privados por su compromiso con la difusión de géneros que buscan fomentar la cultura y la educación plural y crítica de la población. Como bien señaló Arturo Ripstein en ocasión de la entrega de los Ariel la semana pasada, “no hay crecimiento sin cultura, no hay desarrollo sin cultura, no hay democracia sin cultura”, y es con la cultura que la radio pública tiene que estar comprometida.

A un año del triunfo de Juntos Haremos Historia, nos siguen debiendo una definición precisa de política para los medios públicos de comunicación, y en particular para la radio pública que, como sabemos, por su alcance y cobertura es un rubro que merece no seguir transitando por rutas de incertidumbre e indefinición.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.