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El BID, Claver-Carone y México

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El BID, Claver-Carone y México

28/09/2020

Como nunca en la historia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la reciente elección para presidente tuvo una inusitada cobertura mediática. El marcado interés se debió a la candidatura del norteamericano Mauricio Claver-Carone, que rompió con la regla no escrita que un latinoamericano presida este organismo. La narrativa que acompañó la elección es que Trump buscaba posicionar un mayor liderazgo en la región, invocando los fantasmas de la Doctrina Monroe. En esta ocasión, me temo que las razones son mucho más mundanas. En gran medida esta situación se debió a una falta de cultura de institucionalidad en nuestra región y del propio BID.

Como mencioné en un artículo anterior, Trump, Luis Alberto Moreno y el BID, varios ejemplos muestran que no se han respetado las reglas en el banco, debilitando su institucionalidad. En esta columna, quisiera agregar otro ejemplo. En 2005 la Asamblea de Gobernadores del BID ratifico la necesidad de limitar el mandato de sus presidentes a dos periodos consecutivos (10 años). Textualmente dice: “… La Asamblea de Gobernadores aprobó las recomendaciones del Grupo de Trabajo. En consecuencia, se consigna la intención de la Asamblea de limitar a un período adicional el número de períodos consecutivos que podrá cumplir el Presidente”. Sin embargo, en 2015 no se respetó este acuerdo. El expresidente Santos de Colombia apoyo una tercera elección de Moreno. En el caso de México, Santos pidió personalmente al entonces presidente Peña Nieto que no postulara un candidato mexicano y que apoyara la candidatura de Moreno. Fue así como terminó siendo el único candidato.

Contrario a lo que opinan muchos analistas, el BID no ha sido prioridad para la Casa Blanca en ninguna administración, incluyendo la actual. Lo más probable es que Trump ni sepa lo que hace el BID. En los Estados Unidos de América (EU) los temas del BID siempre han sido liderados por la Secretaría del Tesoro (ST) en niveles de subsecretaría para abajo. Es conocido que los funcionarios de la ST estaban molestos con Moreno por no respetar los canales de coordinación técnicos y el acuerdo de 2005. Eugenio Díaz Bonilla, exdirector por Argentina en el BID, menciona que Moreno canalizó los esfuerzos de coordinación con EU directamente con la Casa Blanca (convirtiéndolo en un asunto político por sus relaciones personales) y no a través de la ST como correspondería. Además, rechazó en dos ocasiones la candidatura de Claver-Carone (presentada por la ST) para la vicepresidencia ejecutiva. Esto, más la ausencia de candidatos (al 15 de junio había un solo candidato, Gustavo Béliz, de Argentina) para la elección de 2020, influyeron para que la ST presentará a Claver-Carone.

La reciente elección (septiembre 2020) era una gran oportunidad para reactivar el liderazgo de México en la región. A principios de este año, se mencionaron a prestigiosos economistas como Santiago Levy y Alejandro Werner como potenciales candidatos, contando inclusive con el respaldo de Estados Unidos. En el caso de Santiago Levy, se conoce que AMLO lo consideró para ser secretario de Hacienda. No es claro por qué México desde hace más de 10 años ha optado por tener un rol pasivo en el BID, perdiendo una vicepresidencia y puestos en la alta administración que, por el tamaño de su economía y su participación accionaria, le corresponden.

Uno de los grandes retos del BID es la falta de institucionalidad y de reglas claras. En los últimos 15 años no se ha avanzado en estos temas, por el contrario, ha habido un claro retroceso. Esto ha facilitado la creación de reglas a modo y de darle la vuelta a las reglas formales. Para construir confianza, fortalecer la gestión o impulsar cualquier tipo de transformación se debe partir desde el fortalecimiento institucional y la gobernanza, acabando con las reglas no escritas, ambiguas o duales. Esta nueva administración enfrenta un inmenso reto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.