Datos y Verdades

Viernes dulces

Jaime Serra grafica cómo un sencillo ritual con el menor de sus hijos dio pie a dos calendarios.

Durante un año entero establecí un sencillo ritual con el menor de mis hijos: cada mediodía, al salir del colegio, le ofrecía ambos puños cerrados. Él elegía uno y abría la boca cerrando los ojos, entonces yo introducía en su boca el caramelo. Acertó todas las veces, pues, aunque él no lo sabía, ambas manos contenían un caramelo idéntico en forma, color y sabor, que variaba según el día de la semana.

Nunca le dije que una mano estuviese vacía, pero tampoco lo contrario. Desde el primer día le ofrecí ambas manos en silencio y al acertar perdía el interés por el otro puño.

Los fines de semana usaba un dulce cuyo color era diferente en cada mano: blanco para la izquierda y negro para la derecha.

Cuando a mí no me era posible estar, el ritual se mantuvo a través de una tercera persona.

Tras pocas semanas, el limón, lejos de ser el favorito, era el más deseado: su sabor convertía en fin de semana los siguientes días.

Con los caramelos desechados construí dos calendarios.

COLUMNAS ANTERIORES

Ni un día perfecto
Salud, dinero o amor

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.