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Decisión tomada

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Decisión tomada

12/01/2021
Actualización 12/01/2021 - 11:43
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

El Presidente no abandona sus banderas de campaña. Nada lo hace ni lo hará cambiar de parecer.

Al llegar al poder dibujó el aparato estatal como un “elefante reumático”. En sus discursos ha repetido que ya logró hacer que este animal inamovible se parara y empezara a caminar, pero la agilidad de este elefante sólo se logra con ahorro y recortes a base de machetazos, sin importar las consecuencias.

Fue en febrero de 2019, tres meses después de su llegada, que amagó por primera vez en desaparecer los órganos autónomos. En aquel entonces habló de una “purificación”, les puso los calificativos que ahora todos conocemos: “onerosos” y con intereses políticos con afinidad a la tan citada mafia del poder. Insiste, cada que se acuerda, que en junio de 2019 puso una cifra sobre la mesa: desaparecería 100 de estos organismos. En aquel entonces dijo que tenía que “ir ajustando el gobierno a la nueva realidad”.

Reparte contra todos, no importa si son órganos que velan por la competencia económica o por los hidrocarburos y la energía; protegen a niños, niñas y adolescentes; trabajan por la transparencia y la protección de datos personales; o se encargan de organizar elecciones, todos son lo mismo y todos caben en la misma canasta. “Se crearon para aparentar de que iba a haber transparencia, de que se iba a combatir la corrupción, de que ya no iba a haber monopolio, cuando lo que han hecho es servir de cortinas de humo para que se cometan ilícitos y haya ocultamiento de información. Son como tapaderas, son organismos alcahuetes que justifican todo”. Después de leer su más reciente declaración, ¿alguien duda de su inminente extinción? El Presidente hará todo para desaparecer la mayor cantidad posible.

En cada momento en el que el Presidente ha cargado contra los órganos autónomos, aparecen voces y grupos de distintas esferas sociales advirtiendo esta peligrosa intención, este retroceso democrático y la desprotección que podrían tener varios grupos vulnerables; sin embargo, las quejas no son suficientes para permear a un bloque amplio de la sociedad.

López Obrador tira la carta de que “nadie los conoce” y para él eso es suficiente para su desaparición. La gente conoce el DIF, no conoce al Sipinna (Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes); se queda el DIF. La gente no conoce qué hace el Inai –él tampoco–, pero para él ocultan información. Pueden escribirse columnas enteras explicando punto por punto la importancia de organizaciones como el INE, Inai, Sipinna… No importa, no va a leer ni las columnas, ni el porqué de su creación.

Es fácil de imaginar la reunión de ayer entre el Presidente y las secretarías donde el Ejecutivo presentó su proyecto de extinción de órganos autónomos, y les pidió que evaluaran el trabajo de estos organismos. ¿Alguien cercano le dirá que algunos sí funcionan? Conocemos la respuesta.

Con esta extinción de organismos el Presidente quiere que su gobierno se investigue a sí mismo, audite sus propias cuentas y determine qué información se publica o queda reservada, el sueño de cualquiera que ostenta el poder. Sus razones son las que se han convertido en una simulación. No es cierto que sea cuestión de ahorro, ni tampoco de volver a un “elefante reumático” más ágil, se trata, como bien apunta el doctor Mauricio Merino, de una intención clara de ocultar información. ¿Qué esconde el Presidente?, se preguntan varios que ven esto como una decisión tomada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.