Fátima
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Fátima

18/02/2020
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

Como siempre sucede ante la tragedia viene la angustia, esa que te inmoviliza, que lleva a la desesperación. El asesinato en la Ciudad de México de la niña de 7 años, Fátima, se ha convertido en ese escalofrío, en esa decepción monumental, en dejar de creernos como sociedad, de olvidar, si alguna vez existió, la fe en las autoridades.

La inmensa tristeza llega en tantos niveles, primero en Fátima, una niña que no debió morir, una impotencia inmensa por la inocencia y la violencia desbordada sobre ella. Después en sus más cercanos, padres, hermanos, tíos, el terrible dolor de perderla por la ineptidud de las autoridades y por vivir en un país en el que 98 de cada 100 casos de feminicidios quedan impunes. Por último, en nosotros como sociedad, en el pensamiento inevitable de ver en Fátima a nuestros hijos, nietos, sobrinos, hermanos, tan indefensos como cualquiera.

Casi una semana después de la desaparición de Fátima, se sabe muy poco, solo que la escuela Enrique C. Rebsamen, en la alcaldía Xochimilco, falló en todos los protocolos de seguridad, abrió las puertas a la salida y no supo más de ella. Una mujer la tomó de la mano y se la llevó. Pero ¿qué debió de haber pasado? ¿Qué reglamenta la Secretaría de Educación Pública cuando se terminan las clases? ¿Una niña de 7 años puede salir sola con su mochila y entregarse a la ciudad, así sin más?

De acuerdo con la Guía Operativa para la Organización y Funcionamiento de los Servicios de Educación Inicial, Básica, Especial y para adultos de Escuelas Públicas en la Ciudad de México, en el apartado 42 titulado “Entrega de alumnos de Centros de Atención infantil y Jardín de niños”, el reglamento señala que: Para la entrega del alumno, el personal responsable solicitará LA CREDENCIAL correspondiente de las personas autorizadas para tal efecto. Por ningún motivo se entregarán los infantes a personas menores de edad, así como a padres, madres de familia o tutores y/o familiares en estado inconveniente. En caso de extravío de la CREDENCIAL se deberá solicitar la reposición por escrito especificando el motivo […] de no presentarse al término de la jornada escolar correspondiente para recoger al alumno, de acuerdo con los horarios establecidos y teniendo como tolerancia veinte minutos, se solicitará el apoyo a las autoridades correspondientes para que los alumnos sean trasladados por el Director del plantel educativo o personal autorizado a la Agencia 59. Aquí se apunta en un pie de página que la Agencia 59 de la PGJCDMX es la especializada en Niñas, niños y Adolescentes, con dirección en Dr. Liceaga no. 93.

¿Cuántos niños son trasladados ahí diariamente? ¿es lo mejor para ellos llegar a un Ministerio Público? Ya han sido enviadas las solicitudes de información, esperamos pronta respuesta. Yahora, ¿cuántas escuelas públicas y privadas tienen credenciales? ¿cuántos padres siguen este protocolo de los 20 minutos de tolerancia? ¿cuánta seguridad existe en los miles de planteles de la ciudad de México, hay una cámara de seguridadpor plantel?

La autoridad, como siempre, reaccionó tarde. Ayer dieron a conocer los videos de Fátima de la mano de una mujer, como las primeras pistas de una investigación que ya no alcanzó la vida de una niña de 7 años ¿por qué?

Otra historia donde las leyes son lejanas y ajenas, la escuela Enrique Rebsamen empezará a repartir credenciales el día de hoy para hacerle caso al protocolo que nadie sabía que existían; Claudia Sheinbaum irá hasta el fondo de las investigaciones y se revisarán las cámaras de seguridad en las primarias, otra vez aprender a hacerlo bien nos ha costado muy caro, ha sido inmensamente doloroso, y mientras tanto desde Palacio Nacional el Presidente ha pedido “con todo respeto que dejen de pintar las paredes y las puertas”, el hombre en el poder que se jacta de conocer a este país como ningún otro gobernante ha dejado a las mujeres fuera de esto, ellas no caben en su mentada cuarta transformación, a ellas aún ni las ve ni las oye.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.