La "amenaza"
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La "amenaza"

12/11/2019

La última ocurrencia de Morena en la Cámara de Diputados es acortar la presidencia del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral. La iniciativa presentada por el diputado Sergio Gutiérrez Luna pretende modificar el artículo 41 de la Constitución mexicana, para reducir de nueve a tres años el tiempo de mandato en el organismo. Las razones no quedan del todo claras. Más parte de un sentimiento que de una justificación con bases legales. Ayer, en entrevista en W Radio, en el programa Así las Cosas, esto fue lo que nos dijo el diputado de Morena: “Es un periodo que planteamos porque la duración de los consejeros actualmente es de nueve años, entonces en ese lapso podríamos tener tres dirigencias. Hay un criterio de razonabilidad, si habláramos de un año yo pienso que sería un periodo muy corto, evidentemente para poder tener la presidencia, y si hablamos de más de tres años estaríamos desfasándonos de la presidencia, así que tres años queda en lo razonable de que pueda haber de mínimo tres visiones en nueve años en que no sea muy corto ni muy largo (sic)”. Su sustento radica en creencias, en cálculos que se basan en “visiones” que duran mucho tiempo y a los diputados simplemente no les parece; así, de la nada, en estos tiempos de convulsión política y de vigilancia de órganos autónomos, ellos creen que es un exceso.

Por otro lado, la razón por la que dura nueve años el consejero presidente está un poco más fundamentada: en 2014 se decidió este periodo para no vincular la reelección del INE con los ciclos electorales, es decir, no hacerlos en el 2021 o 2024, hacerlos escalonados. Estos nueve años permitían estabilidad en el nuevo sistema electoral (el sistema INE-OPLES). Actualmente ya van cinco años y a Lorenzo Córdova le faltarían cuatro años, su periodo terminaría en 2023.

No se necesita mucho cálculo político para saber que más que una búsqueda en la consolidación de una democracia moderna, se trata de un debilitamiento de un órgano que podría ser incómodo en las próximas elecciones intermedias y en 2024, por la simple razón de ser autónomo.

Hace algunos meses ya se veía una intentona, al menos desde la Cámara de Senadores, de hacer una reforma electoral que también debilitara los brazos del INE, al querer desaparecer los Organismos Públicos Locales Electorales y eliminar el Consejo General del Instituto. La declaración de Lorenzo Córdova fue clara: estos cambios “podrían poner contra las cuerdas el sistema democrático” del país.

Bajo el manto de la 'austeridad', los diputados y senadores de Morena quieren debilitar al Instituto Nacional Electoral. En junio pasado, otras medidas que propusieron los legisladores de Morena fueron reducir el salario de los consejeros y funcionarios del INE, reducir el número de integrantes del consejo general, de 11 a siete consejeros, y reducir hasta en 50 por ciento el financiamiento de los partidos políticos. El último punto puede prosperar, pero también puede significar una amenaza a mediano plazo.

Lo que podrían ser 'ocurrencias' legislativas no son más que amenazas a un órgano que, aunque tiene mucho que mejorar en materia de gasto, ha funcionado de manera impecable en los últimos años; nadie tiene queja de la elección de 2018, nadie pone en duda la llegada de López Obrador ni la de los gobernadores electos. ¿Por qué cambiar algo que ha funcionado? La respuesta es clara: porque la autonomía incomoda en el actual gobierno. ¿Qué amenaza ve la 4T en el Instituto Nacional Electoral?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.