'La búsqueda'
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'La búsqueda'

25/06/2020
Actualización 25/06/2020 - 13:35
columnista
Javier Risco
La Nota Dura

En 2007 se detuvo Europa por la desaparición de una niña inglesa. La última vez que se tuvo localizada a Madeleine McCaan, en aquel entonces de casi cuatro años, fue en una playa de Portugal, en un centro turístico de Praia da Luz. Su búsqueda ha pasado por decenas de países, durante el primer año su cara fue repetida por miles de medios de comunicación y policías de toda Europa colaboraron para encontrarla, todos fallaron. Pistas falsas, niñas parecidas, recreaciones computarizadas de su cara, fotografías borrosas, por todo ha pasado Scotland Yard en la última década. El 4 de junio pasado la fiscalía alemana ha dicho que supone que está muerta después de que una línea de investigación apuntara a un sospechoso de nombre Christian B, quien está actualmente en prisión, “estamos hablando de un depredador sexual que ya ha sido condenado por crímenes contra niñas y que ya está cumpliendo una larga condena”, dijo conferencia Hans Christian Wolters, de la Fiscalía de Braunschweig. Sin embargo, la policía británica la sigue considerando “persona desaparecida” porque no existe una evidencia definitiva sobre si está viva o no. Un caso sumamente mediático que lleva 13 años abierto, hay personas que siguen buscándola.

Recuerdo a Madeleine por la nota de hace un par de semanas que revive el caso y por el símil inevitable con la historia de la niña Paulette Gebara en nuestro país, en 2010, la cual ha estado otra vez en la agenda, sobre todo de las redes sociales, por el estreno el 12 de junio pasado de la serie de Netflix, 'Historia de un crimen: La Búsqueda'.

Un breve recordatorio del caso. Paulette Gebara Farah fue una niña de cuatro años, la cual fue reportada como desaparecida el 22 de marzo de 2010. Durante nueve días, por el perfil de la desaparición –una familia de clase alta, en una zona residencial de alta plusvalía y con contactos en la política y en el mundo empresarial– obtuvo toda la atención de la autoridad del Estado de México y la prensa nacional. En esos días las autoridades locales revisaron la casa de manera exhaustiva, incluso usando binomios caninos, y la prensa realizó entrevistas en la habitación de la niña en varias ocasiones. El 31 de marzo fue encontrado el cuerpo de Paulette a los pies de su cama, el cuerpo de la niña no se había movido de ahí. De acuerdo con el procurador del Estado de México, Alberto Bazbaz, la menor murió por asfixia.

La serie dirigida por Santiago Limón y producida por la empresa Dynamo nos refresca la memoria, nada más. No nos promete una investigación exhaustiva o aportar nueva información al caso, simplemente nos muestra, desde la interpretación del director, una visión de las tensiones, tonos y acciones de algunos de los personajes involucrados en esta tragedia que movilizó al país hace 10 años. Con actuaciones que rayan, supongo yo intencionalmente, en lo caricaturesco, nos recuerdan la penosa y ridícula actuación de las autoridades y la improvisación de éstas en una investigación que nunca tuvo forma, sino el protagonismo torpe que incluye al gobernador, al procurador y a cada uno de los 'agentes' que buscaron por 10 días a una niña que, según su versión final de los hechos, estuvo siempre debajo de su cama.

La reacción final, al menos de las personas con las que he conversado y que tuvieron oportunidad de verla, es de un leve movimiento negativo con la cabeza y un comentario con la duda legítima de que, así como aparecen en la serie, Paulette fue buscada por autoridades rebasadas –con conversaciones irreales y superficiales– y rodeada de familiares en una nebulosa incomprensible que derivó en un expediente que hoy, 10 años después, nadie cree.

Celebro la intención del recordatorio, la memoria que ahora podemos encontrar en Netflix de un hecho infame e injusto, donde alguien que aún no conocemos, se salió con la suya. Ojalá vengan más esfuerzos de recuperación de la memoria, muchos revisarán la calidad de las actuaciones, el guion y la producción, seguro hay polémica y discusión sobre los alcances de esta serie; sin embargo, que revivamos cómo se cierra el expediente en una historia inverosímil, nos hace volver a la famosa frase de Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir, y eso es una tragedia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.