La dignidad de los muertos
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La dignidad de los muertos

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La dignidad de los muertos

10/09/2019
Actualización 10/09/2019 - 14:16

Ya no nos alcanza el suelo para enterrarlos.

El problema no es nuevo, pero sigue sorprendiendo que haya municipios donde ya no caben los muertos, donde la dignidad de llorarle al cuerpo de los que acaban de morir no se puede cumplir.

Uno hojea el diario Reforma y se encuentra con la siguiente cabeza: “Saturan panteones en Coatzacoalcos”, después de la tragedia del 28 de agosto pasado donde, en un ataque a un bar, asesinaron a 29 personas. Han salido a flote los problemas que encuentran los familiares de las víctimas, el primero… no tener dónde enterrarlos.

En la nota firmada por el periodista Benito Jiménez, se reporta cómo a causa de la escalada de violencia en esta ciudad los cadáveres son enterrados en los pasillos de los cementerios, en el mejor de los casos. De los cinco panteones en la ciudad, cuya capacidad es de poco más de 13 mil espacios cada uno, ya tienen una ocupación del 98 por ciento. “Los panteones están saturados completamente, se necesitan espacios donde se puedan enterrar más muertos ahí, todos los panteones están llenos; es más, en algunos se están enterrando unos encima de otros”, dice la síndica Yazmín Martínez al diario Reforma.

Sin embargo, no es el único problema que enfrentan las víctimas, el Servicio Médico Forense, como en cientos de municipios de este país, está también rebasado. Al menos el de Coatzacoalcos ha reportado que no tiene ni agua ni luz, los cuerpos se descomponen y a nadie le importa, los muertos siguen llegando.

Tal vez, amable lector, tenga la percepción de que la tragedia de Coatzacoalcos ya queda en un recuerdo lejano, pero no, sólo han pasado 12 días y hoy los familiares se encuentran con autoridades que no les dan ninguna respuesta, ni adelanto de una investigación que parece estar atorada en el escritorio de una autoridad omisa e incompetente.

Los mexicanos no sólo estamos expuestos a la violencia en vida, sino también a la que sufren los que queremos, la que viene después de nuestra muerte. El desprecio a los que son asesinados nos tiene hundidos también en esta espiral de violencia. Al no tener los mínimos requerimientos para tratar un cuerpo, las pruebas se diluyen y los Semefos, en total olvido, pierden pruebas, cuerpos y cualquier indicio de justicia que pueda haber.

Hace un par de meses, la Dra. Karla Quintana, comisionada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas, levantaba la voz y decía que lo que necesitamos es un ejército de jóvenes científicos especialistas en medicina forense, sólo así podremos empezar la labor titánica de encontrar a nuestros desaparecidos y ordenar a nuestros muertos. Habría que agregar un programa de gobierno que incluya la construcción de panteones municipales en los lugares donde no se dejen de matar; el apoyo económico necesario para el buen funcionamiento de los Semefos que están en el olvido, y partir de aquí, tan sólo de la dignidad de nuestros muertos para hablar de una recuperación de la memoria en nuestro país. No podemos empezar una estrategia para encontrar la paz si seguimos acumulando los agravios, no sólo a los que buscan la justicia, sino a los que por la debilidad del Estado no lograron sobrevivir esta época violenta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.