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27/11/2019
Actualización 27/11/2019 - 13:44

Han pasado 23 días después de una de las masacres más crueles en la historia de la guerra contra el narcotráfico en este país, me refiero a la ocurrida contra miembros de la familia LeBarón, donde fueron asesinados seis niños y tres mujeres en una 'emboscada' de la cual no tenemos nada claro aún, no sabemos si los confundieron, si el crimen organizado quería mandar una señal o simplemente es una violencia desbordada que ya no nos es ajena. El lunes hablé con Julián LeBarón, él estuvo ahí ese día, vio las camionetas quemadas, los cuerpos irreconocibles y presenció la ausencia del Estado durante horas, él tampoco puede entender lo que sucedió, de su boca sólo salen porqués y está a la espera de información, de justicia, de una explicación que le dé cierta paz en el alma para entender la barbarie.

Tres semanas después, así digiere lo sucedido: “Yo creo que es como una crisis de conciencia y espiritual para muchos de nosotros, en el sentido de que el problema es enorme, hay 30 mil asesinados en México en lo que va del año y tenemos instituciones de procuración de justicia que están colapsadas. No hay justicia para nadie y tenemos una estructura del poder que no les rinde cuentas a los mexicanos y no los representa. El voto NO puede ser la única voz que tenemos los ciudadanos para que una clase política usurpe el poder”. Sin embargo, Julián no recarga toda la responsabilidad en el gobierno, también busca explicaciones en los ciudadanos, le pone dos adjetivos a la sociedad mexicana de la última década “apática” y “cobarde”, y sentencia de manera contundente “las instituciones y los funcionarios son un reflejo de lo que nosotros toleramos”.

El próximo 2 de diciembre tiene una cita en Palacio Nacional con el presidente Andrés Manuel López Obrador. En realidad él cree que poco puede hacer UNA persona en el poder; no quiere que lo escuchen sólo un par de orejas, quiere que esa reunión funcione como altavoz, él le quiere hablar a todo el país: “Yo no creo que el Presidente, siendo una persona, pueda resolver los problemas que tenemos, el mensaje de nosotros es para 130 millones de mexicanos, este es un problema enorme, un problema muy complejo y tenemos que empezar a superar el miedo y empezar a participar activamente y buscar cómo podemos usar nuestro talento, nuestro esfuerzo, nuestra inteligencia y nuestras habilidades y hacer responsable a la autoridad por el poder que tienen y retirárselo cuando no están cumpliendo”.

Sobre el concepto de 'narcoterrorismo', el activista responde en una sola frase: “cómo llamarle a un grupo de bastardos que disparan a una camioneta llena de niños y mujeres”, y no agrega más… cierra el tema. Ayer el presidente Donald Trump dice que considera caminar hacia la ruta de nombrar a los grupos del narcotráfico que operan en México como grupos terroristas. Más allá de una intensión real parece que el presidente estadounidense ha obtenido su excusa, su lema de campaña rumbo a la próxima elección: ya no es suficiente el muro, habrá que usar al Ejército estadounidense para infundir el miedo.

A Julián LeBarón le queda muy lejos Washington; él seguirá marchando, lo hará el 1 de diciembre y acompañará a su amigo Javier Sicilia, en enero. Esa es la salida y espera que lo acompañemos. En 2009, cuando asesinaron a su hermano, no sabía la ola de sangre que vendría la década después, hoy tiene un compromiso personal y moral, no es contra el Presidente, es con el Presidente y 130 millones más, ojalá lo entiendan los que ven en una marcha una amenaza, los que ahora condenan las protestas de las víctimas que sólo piden una explicación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.