Lo trágico, en dulce, y lo entrañable, en doloroso
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Lo trágico, en dulce, y lo entrañable, en doloroso

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Lo trágico, en dulce, y lo entrañable, en doloroso

21/11/2018

He visto la película dos veces y aún no la puedo abarcar. Cuando Cleo sube por última vez las escaleras a la azotea cargando dos montones de ropa sucia, mi corazón palpita fuerte, tengo el instinto de sonreír tímidamente y salto de la butaca con ganas de comentar un detalle que me había pasado inadvertido, una foto en la cual no me había detenido o en un comercial de la época que me pareció maravilloso. Su única estridencia es el mar de Tuxpan, lo demás es silencio íntimo, situaciones desgarradoras sin llantos largos y felicidades con risas discretas.

Es el retrato de una familia de clase media en una colonia con pretensiones de clase alta, es la crisis de un rompimiento que destruye la monotonía de los días de una familia y es el abandono de la más desprotegida, de una sombra en cada espacio de la casa, pero al final una sombra desconocida.

Es una película que nos muestra lo que siempre ha estado frente a nosotros pero que nos ha pasado de largo, que explora lo más profundo de este país sin caer en los extremos, que va hondo en el centro. El drama que pinta es ese viejo dolor conocido del cuerpo que aparece en días fríos o al recoger una pluma que se ha caído al piso, duele y no se va, el tiempo es el único que lo cura… sin hacerlo del todo.

¿Cómo pudo este director meterse tan profundo en nosotros? ¿Cómo pudo retratarnos en su infancia? ¿Cómo nos abrió su más íntimo secreto y lo convirtió en una película que marcará a todas las generaciones que vienen? ¿Cómo pudo ponerse ahí junto a Los olvidados? ¿Cómo nos regala una secuencia de seis minutos con una cámara fija que jamás olvidaremos? ¿Cómo pudo dirigir una actriz primeriza y convertirla en una mujer que siempre nos ha acompañado? ¿Cómo logró hacernos llorar de esa forma? ¿Cómo es que lo trágico lo convirtió en dulce y lo entrañable, en doloroso?

Las voces de los espectadores que me han acompañado a ver este filme confirman el prisma de esta película al cual aún no le encuentro todos sus lados, cada uno me dice algo distinto. A un monero le ha dejado un vacío que no encuentra cómo llenar; a un periodista lo ha dejado en 1971 y aún no sabe cómo regresar a estos tiempos; una cantante no se puede quitar el ritmo que suena mientras la protagonista mete un Galaxie 70 a la cochera; a un fotógrafo le han obsesionado las sombras de una escena, mientras decenas practican artes marciales; a una mujer le han desgarrado el alma los ojos de la protagonista, y a un hombre lo ha conmovido la pista de carritos scalextric.

En una casa de dos pisos con un patio descubierto cabe todo. Nos habita y habitamos, los huéspedes que se pelean entre ellos, que se quieren a la hora del desayuno y que se ríen con “Ensalada de locos”, juegan a ser los protagonistas de las tres décadas que aún no conocen, sientan las bases de recuerdos que no habíamos visto tan nítidamente en una pantalla.

Hoy esta película llega a 40 salas en todo el país, de manera ridícula las grandes cadenas la han saboteado por algo que escapa de mi entendimiento, ayer lo escribía su director en Twitter: “para poner las cosas en perspectiva, en Polonia se exhibirá en 57 salas y en Corea del Sur en 50”. Sin embargo, habría que decirle al director, fotógrafo, editor y guionista –que por cierto resulta ser la misma persona– de esta obra de arte de 2 horas 15 minutos, que tiene que dormir tranquilo, lo que ha hecho no lo detienen intereses creados por unos cuántos, lo que ha hecho sobrepasa las barreras del tiempo, la recordaremos con tristeza y amor cada que alguien se atreva a nombrarla, la platicaremos en las cenas familiares, en los desayunos del domingo, en el tema de conversación de un elevador… lo que hizo es la película más bella en décadas, por supuesto sólo puedo hablar de una… hablo de Roma, de Cuarón.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.