¿Su Tlatlaya?
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¿Su Tlatlaya?

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¿Su Tlatlaya?

12/09/2019

La nota se publicó el 5 de septiembre pasado en casi todos los medios, la verdad es que se fue a interiores y en algunos portales ocupaba los espacios poco relevantes de la pantalla, se trataba de un enfrentamiento entre policías de Tamaulipas y ocho presuntos delincuentes, nada más genérico y común que eso, cualquier lector voraz de noticias se salta el titular y pone el ojo en otro lado. De acuerdo con la nota, en el ataque habían sido abatidos los ocho integrantes del crimen organizado, que tenían la particularidad de estar vestidos como militares, el hecho ocurrió en Nuevo Laredo.

De acuerdo con lo consignado por la prensa local al citar fuentes oficiales: “El enfrentamiento inició cuando elementos de seguridad estatales realizaban recorridos de vigilancia y detectaron una camioneta blindada color negra, sin placas, desde la cual les empezaron a disparar (…) los presuntos agresores llegaron hasta un domicilio de la colonia Valles de Anáhuac, al que ingresaron y desde el cual se siguieron disparando contra los policías”.

Cinco días después el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo (CDHNL) denuncia que los hechos no ocurrieron como las fuentes oficiales los contaron. De acuerdo con testimonios recabados por el CDHNL, la muerte de cinco hombres y tres mujeres, quienes fueron presuntamente hallados vestidos con uniformes tipo militar y con portación de armas, “se trató de una ejecución arbitraria o extrajudicial al estilo del caso Tlatlaya”. El comité presentó pruebas y testimonios que apuntan a que las autoridades estatales “sembraron” la escena.

•Se presentó un reporte de tránsito en el que se acredita el uso de una grúa para sembrar una camioneta Tundra en la que se dijo viajaban los presuntos criminales.

•En un recorrido realizado por personal del Comité se constató que no hay evidencias de un enfrentamiento en el lugar señalado.

•La hija de uno de los hombres asesinados en el operativo señaló que llegaron a su domicilio una veintena de agentes, casi todos uniformados, señalando que debían entrar porque a través de una denuncia anónima se reportaba que ahí ocultaban armas. La joven dijo que cuando los policías llegaron, su padre vestía short y sandalias, y que los agentes lo obligaron a ponerse un uniforme tipo militar, botas y casco negro.

•El CDHNL también documentó que se trató de una ejecución extrajudicial, en la que las víctimas habrían recibido un tiro en la cabeza a corta distancia, e incluso algunos estaban sometidos en el piso o acostados sobre una cama.

•Las fotografías filtradas de los cuerpos sin vida de los presuntos criminales evidencian que las armas se les colocaron de manera burda, además que algunos vestían uniformes tipo militar de tallas mucho más grandes a sus complexiones e incluso portaban el calzado al revés, y que las ropas lucían prácticamente intactas y limpias.

•Hubo presencia de elementos del Ejército en las inmediaciones del lugar de los hechos. El CDHNL señala: “Nos debe una explicación de por qué presenció un acto de barbarie y no intervino ni lo impidió”.

•Se denunció a las autoridades del estado de no presentar un informe oficial y detallado de lo sucedido.

El caso está en los escritorios del presidente Andrés Manuel López Obrador, de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y en las oficinas de la Fiscalía General de la República, además ya se interpuso una demanda ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

¿Cómo tratará el gobierno de Andrés Manuel López Obrador lo que podría ser una nueva edición de Tlatlaya? ¿Qué importancia le dará la Fiscalía General? El Presidente insiste en que no comparen a su gobierno con otros, esta es una buena prueba para demostrar que entienden la justicia de manera distinta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.