¿Bancos librarían una nueva ola de contagios?
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¿Bancos librarían una nueva ola de contagios?

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¿Bancos librarían una nueva ola de contagios?

16/06/2020
Actualización 16/06/2020 - 9:55
columnista
Jeanette Leyva
Moneda en el Aire

Las pruebas de estrés a las que son sometidos los bancos desde hace años para conocer su fortaleza ante escenarios económicos difíciles, pasó de ser un simple ejercicio a un elemento que permite determinar fortalezas y debilidades de algunas instituciones, lo que ha ayudado a las autoridades a ejercer ‘presión’ en aquellos que puedan tener un problema donde muchas veces las inyecciones de recursos son por peticiones oficiales.

Este año, las pruebas de estrés fueron diferentes, ya que se añadió a los escenarios ‘catastrofistas’ no sólo el Covid-19 que ya padecemos, sino que el Banco de México planteó entre las variables un segundo brote del virus y el efecto que podría tener en la fortaleza de la banca mexicana.

Además de los escenarios que se han repetido en las pruebas como son los de la crisis de 1995, la crisis financiera global de 2008 y el episodio de volatilidad de mayo de 2013 en torno a la normalización de la política monetaria de la Reserva Federal en Estados Unidos, conocido en los medios como taper tantrum, a los tres casos se les sumó que en caso de existir un segundo brote la actividad económica no cesaría completamente.

Y si bien los escenarios de estrés de ninguna manera representan un pronóstico, lo positivo es que el ejercicio de esta edición mostró que el índice de capitalización de las instituciones bancarias en el país es de gran importancia para hacer frente a los escenarios adversos simulados, sin embargo uno de los resultados de las pruebas es que el capital de las instituciones bancarias como los activos ponderados por riesgo se verían fuertemente erosionados.

En algunos de los escenarios existen algunas instituciones bancarias que recibirían impactos que podrían no permitirles sostener niveles de capitalización por encima de los mínimos regulatorios, por lo que veremos próximamente algunas ‘inyecciones de capital’ en algunos bancos, principalmente de tamaño pequeño o muy dedicados al crédito al consumo.

En las pruebas, algo interesante es que se evaluó el programa de diferimiento de pago y su impacto en las finanzas de los bancos, donde dependiendo del tiempo de recuperación de la economía podría impactar en el capital y en la morosidad, pero todo indica nada grave.

Pero al final lo más relevante, ante las muchas noticias negativas que a diario escuchamos, es que los resultados de los ejercicios de estrés sugieren que, en general, las instituciones de banca múltiple cuentan con niveles de capital que les permitirían enfrentar los escenarios macrofinancieros simulados, por lo que si usted era uno de los que se mostraba nervioso por este tema puede estar tranquilo, pero ojo, hay otros riesgos en los que sí deben estar alertas como usuarios y es ser víctimas de los ciberdelincuentes, pero ese es otra cuestión.

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Y en el otro lado de la moneda, no hay que perder de vista a las Afore. Más allá de lo que hemos comentado de las reformas que hacen falta, ojalá todo este ruido que se ha generado sirva para que todos los que tenemos una cuenta para el retiro, revisemos lo que más nos conviene, analicemos, de ser el caso, cambiarse a otra que ofrezca mejores rendimientos, y ver planes para incrementar el ahorro y dinero que planeamos tener para el día que nos retiremos de laborar. Ojalá se encuentre lo positivo y millones de trabajadores empiecen a tomar conciencia de lo que hoy tienen ahorrado y lo que necesitarán para vivir en su vejez; por lo pronto muy sensata la respuesta y las posiciones que ha ido dando Amafore que preside Bernardo González y que ha explicado paso a paso lo que se debe cambiar, también es positivo que da respuesta a las diferentes posturas sin caer en confrontaciones, donde lo que se busca es sumar y no perder de vista que antes que todo es el patrimonio de millones de trabajadores. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.