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Caída libre

28/07/2020
Actualización 28/07/2020 - 12:43

Este mismo jueves tendremos una idea muy cercana a la magnitud del desplome en actividad económica durante el segundo cuarto del año. Éste habría sido reflejo de las consecuencias del encierro social y productivo, con énfasis principal ubicado entre abril y mayo. Contamos ya con cifras económicas de abril y mayo y parecen sugerir una caída mayúscula. Sabemos ya que la contracción del segundo trimestre fue generalizada y con fuentes tanto externas como internas.

A continuación un par de consideraciones que desde ahora nos dibujan la magnitud de los costos del encierro en términos económicos -cortesía del Inegi y los resultados de encuestas que recopilan información complementaria sobre el impacto de la pandemia en unidades económicas y fuerza de trabajo publicados por el instituto el pasado 23 de julio.

El reporte ofrece evidencia amplia y robusta de tal impacto, recogida entre abril y junio, pero aquí yo me concentraré en sólo algunas cifras clave para las unidades económicas y tres para las laborales.

En primer término, casi 60 por ciento de las empresas sufrieron paros técnicos o cierres temporales -en su mayoría microempresas. Un porcentaje similar (56 por ciento) fue el promedio de disminución de los ingresos de las empresas. En este contexto, destaca que sólo 7.8 por ciento de las empresas recibieron algún tipo de apoyo.

Tales apoyos vinieron casi en su mayoría (89 por ciento) de gobiernos (federal, estatal y municipal) y al menos la mitad en la forma de transferencias de efectivo. En este mismo rubro, las empresas manifestaron la necesidad de retrasos en pagos (47 por ciento), transferencias de efectivo (41 por ciento), acceso a nuevos créditos (41 por ciento), así como aplazamiento de pago de impuestos (32 por ciento) y de créditos (31 por ciento).

Las empresas no se muestran optimistas, en un escenario central casi la mitad de ellas considera que sus ingresos disminuirán en los próximos seis meses en relación al mismo periodo del año anterior.

En segunda instancia, el mercado laboral también ofreció evidencia importante. Al mes de abril, casi 22 por ciento de la población ocupada se encontraba ausente o con suspensión laboral, en su mayoría por razones asociadas a la pandemia. De hecho, en ese mismo mes, 53 por ciento de los ocupados vio disminuidas sus horas habituales de trabajo por la misma causa. De la misma población ocupara, 46 por ciento vio disminuido su ingreso y 90 por ciento no obtuvo ningún apoyo.

Es en un entorno así, que consumidores y productores se manejaron en distintas etapas del segundo trimestre del año. Entonces, no sorprenden los estimados de contracción trimestral de entre 15 y 18 por ciento para ese trimestre. Tal contracción significaría cerca de 50 por ciento de contracción anualizada durante ese periodo. Esta es la magnitud del que la mayoría de los economistas suponemos será el de mayor pérdida económica de esta recesión. Desde ese punto en adelante, el debate sigue abierto sobre el tipo de recuperación económica que nos aguarda.

En lo personal, creo que los riesgos sobre el estimado para el segundo trimestre continúan sesgados a la baja y que la recuperación será muy gradual. El incremento en movilidad observado recientemente, en conjunto con las actividades esenciales, podrían mejorar parcialmente el panorama hacia el tercer trimestre. Sin embargo, el horizonte continúa incierto, teniendo como principales riesgos a la baja la posibilidad de nuevos encierros parciales y al alza una mejoría en el entorno externo asociado a los ambiciosos estímulos fiscales y monetarios en EU.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.