México, el mundo y el afán de obviar lo relativo
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México, el mundo y el afán de obviar lo relativo

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México, el mundo y el afán de obviar lo relativo

17/09/2019
Actualización 17/09/2019 - 13:03

No, el entorno económico y financiero en México no es tan distinto al global. Existen varias características de la coyuntura global compartidas por México y otro tanto exclusivamente idiosincráticas. Rescato y reflexiono sobre tres de las primeras y dos de las últimas. Al final, es importante complementar con una visión relativa o comparativa global para afinar los adjetivos y adverbios asociados en estos días con el desempeño de nuestra economía.

Primero, México está inserto en un mundo que se desacelera y su calidad de economía abierta lo hace claramente sensible a tal entorno. La debilidad global se funda en el mundo desarrollado que no ha logrado separarse de un anímico ritmo de crecimiento desde la Gran Recesión del 2009 y de los retos estructurales y regulatorios asociados. A este contexto se le suma China, cuyo ritmo de avance apunta hacia niveles inferiores al 6 por ciento y que implica una menor demanda de materias primas provenientes de otros países emergentes o en desarrollo de una escala mucho menor.

En un entorno así, es claro que no solo la actividad económica en México se enfría y lo hace, por cierto, en buena parte guiado por la debilidad manufacturera en EU que ya liga su cuarto trimestre consecutivo.

Segundo, la inflación desciende paulatinamente en México, en conjunto con el resto del mundo. En el amplio espectro, las sorpresas en el mundo han estado sesgadas hacia menores ritmos de avances en precios. Lo anterior en buena medida ligado al menor ritmo de actividad económica y a la ausencia de recientes choques cambiarios o en precios de materias primas -en este punto conviene estar alerta tras los ataques a instalaciones petroleras en Arabia Saudita y su impacto en los precios internacionales del crudo.

Tercero, tomando los dos puntos anteriores, no sorprende que la política monetaria alrededor del mundo guarda una inclinación acomodaticia o de relajación. Cabe mencionar que podríamos anticipar que antes de que termine este año, muy probablemente observaremos al menos a 15 bancos centrales relajando sus condiciones monetarias. México no es la excepción y muy probablemente este mismo mes de septiembre observemos un nuevo recorte en la tasa de referencia por parte de Banxico. Considero que esta vez podría ser de una magnitud más considerable (50 puntos base).

Cuarto, y con un grado de mayor diferenciación, la inseguridad y violencia continúan alcanzando máximos a nivel local. En este rubro, son menos los ejemplos de patrones similares a nivel global. El caso de Colombia y el reciente repunte en violencia en un contexto electoral local y conflicto guerrillero sería un ejemplo de los cercanos, aunque no de carácter generalizado.

Quinto, Latinoamérica lidia con sus propios retos, Brasil lo hace en la dirección de un reforzamiento en su marco macroeconómico y ánimo reformista, mientras que Argentina vive un nuevo déjà vu en medio de un clima de desconfianza y necesidad de ajustes macroeconómicos draconianos. En el caso de México, las encuestas entre especialistas y empresarios señalan la incertidumbre de política como uno de los principales retos locales. Esperemos que el proceso de ganancia en claridad sea acelerado, por el bien de la inversión.

Así, México se encuentra dentro de un contexto de desaceleración económica y desinflación a nivel global que condiciona un clima de relajación monetaria. Con este marco, los retos idiosincráticos no están ausentes y guardan una gran relevancia como potencial fuente de diferenciación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.