¿Con qué cara verán al ‘director de sistemas’ después del Covid-19?
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¿Con qué cara verán al ‘director de sistemas’ después del Covid-19?

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¿Con qué cara verán al ‘director de sistemas’ después del Covid-19?

25/03/2020
Actualización 25/03/2020 - 10:15

El coronavirus parece haber apretado la tecla de aceleramiento del futuro en todo el mundo, sí, México incluido. Explicaré el punto, pero antes… traten de traducir la palabra software.

Hay una razón para que los humanos la usemos para definir un programa o sistema de operación computacional escrito en un código binario. Una palabra en otro idioma acorta de nueve a una sola la idea. El inglés puede ser más práctico que el hermoso español y por eso nos sirve particularmente en el trabajo.

Ahora piensen que la 5G tendrá un efecto similar que esa lengua británica, pero con el mundo computacional de hoy. Que la actual 4G del celular y nuestro modesto wifi mutarán en un nuevo código o lenguaje que permitirá a nuestros aparatos resumir información y enviarla por esa razón más rápido para que el otro comprenda.

Ya vamos acercándonos al tema del que me hablan en estos días varios individuos mexicanos y extranjeros metidos en solucionar otras crisis que trajo el virus en cuestión, pero continuemos.

Pónganse en los pies de quien compró en diciembre un pasaje de avión a Aeroméxico o a la aerolínea Volaris para volar en estos días.

Ni Javier Arrigunaga, ni Enrique Beltranena, líderes de una y otra empresa que encabezan el sector en México, predijeron el volumen de peticiones que recibiría su sitio de internet en estos días por cambios de vuelos o cancelaciones, a partir de una epidemia.

Mucho menos lo previno la empresa de seguros que respalda a quien compró una protección en caso de que una causa de fuerza mayor como el padecimiento del Covid-19 detenga o bloquee su viaje.

Todos ellos quizás desean en este momento haber puesto más atención el año pasado a su CIO, el Chief Information Officer, que en México la gente suele llamar humildemente 'el jefe de sistemas'.

Seguramente él trajo a la gente de Google, de IBM o de Amazon a la empresa para cotizar un acceso escalable a la nube, para no depender de los tristes servidores ubicados en el piso tres del edificio, o en ese modesto servicio en línea que se veía 'barato'.

Pero claro. ¿Cuándo ocurrirá de nuevo una epidemia cuando esta termine? Estos servicios son solamente útiles durante una catástrofe. Claro, pregunten en los bancos, en oficinas de gobierno... las catástrofes ocurren por sector.

El gremio financiero al que entregamos hasta nuestras huellas dactilares y que ahora sabemos vulnerable, hasta antes de los recientes fraudes seguía usando en algunos lugares computadoras con paquetes de Windows descontinuados.

Noten que hasta aquí no hemos hablado de servicios que otorguen directamente los humanos. Ya casi nadie va a la agencia de viaje ni para pedir una cancelación. Muchos tenemos ya la app del banco en la mano. ¿A dónde se fueron los agentes que vendían tours? ¿Queda alguna sucursal bancaria con el glamour de un gerente en escritorio de madera? Así llegamos al núcleo del asunto.

¿En dónde quedó Juan y Fernando, 'los del archivo', ¿o Andrea, la responsable de llevarles información privilegiada en papel para guardarla? ¿Qué hay de los de 'intendencia' que limpiaban ese lugar? Esos puestos quedaron rebasados.

Lo que antes resultaba tan sensible que debía ser administrado en archivo por gente especializada en una oscura oficina, hoy las empresas lo entregan a terceros que lo guardan digitalmente en una cámara refrigerada enorme llena de silicio.

De ellos depende la 'ciberresistencia', un nuevo término con el que deben medirse la capacidad de cada compañía que debe competir en calidad y rapidez de servicio con Instagram o con Tik Tok. La generación zeta ya no sabe esperar y vienen detrás de los millennial.

Este tema es apasionante y este espacio no da para abordarlo en una sola entrega. Lo que puedo anticiparles es que, después de operar a fuerza desde casa durante semanas, pronto todos estarán cuestionándose la necesidad de gastar en una oficina propia habiendo ya software como el de Zoom y un 5G que se aproxima.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.