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¿La nueva independencia?

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¿La nueva independencia?

15/09/2020

Este martes los mexicanos celebrarán el inicio del rompimiento económico y político con las antiguas autoridades españolas.

Hay quienes en despliegue de su orgullo subirán evidencia al Instagram y eso está bien.

El Instagram lo tienen 'gratis' porque esa empresa fue comprada por Facebook, que para que todo funcione, cerró acuerdos comerciales con empresas de telefonía como la mexicana Telcel o la estadounidense AT&T, que dependen de equipos de comunicaciones chinos marca Huawei visibles en forma de antenas en las que de lejos pueden verse unas tablas blancas que fungen como transmisores, todo pagado por la vía de cargas y recargas en el Oxxo, desembolsadas por quien hoy cargue también su bandera tricolor.

Ignorar la dependencia económica global resulta ocioso… para cualquier habitante en cualquier país.

Recientemente hablé con un mexicano dueño de una empresa especializada en el análisis de datos y programación. No se da abasto. Tiene contratos firmados y en marcha con empresas de restaurantes y financieras que este año como nunca, le solicitan que les arregle el tremendo desorden en la organización de su información y además, que actualice sus sitios web para comunicarse con empleados, clientes y proveedores.

Su carga de trabajo no para porque los estadounidenses ya se dieron cuenta de que al sur de la frontera pueden contratar compañías como la suya para hacer lo mismo en México, por una fracción de lo que les cobran en Silicon Valley. A veces incurre en otro modo de maquila.

Luego daré detalles de esa compañía. Por lo pronto, lo relevante es que noten lo que concluí con ayuda de mi interlocutor en esa conversación.

¿En dónde está basada tu empresa? Le pregunté. En donde yo quiera, me respondió.

Sus empleados pueden dormir en Perú, en Colombia o Argentina, mientras él trabaja a la sombra de un portal en Valladolid, planeando su traslado seguro y temporal a Miami. Está en sus veintes y tiene energía para desperdiciar en vuelos o en un coronavirus, si debe enfrentarlo.

Su compañía estará basada en donde tenga más beneficios a cambio de los impuestos que pague. Sus empleados también.

La independencia hoy puede ser muy distinta a la que dibujan en un triste libro escolar. Pero no es para todos.

Quienes se educan más tienen más oportunidad de alcanzarla. En ese rubro, México y Brasil van a la zaga entre las naciones relevantes de América.

Sólo 24 y 21 por ciento de los millennials en uno y en otro país obtuvo educación profesional o 'terciaria' que les abre más posibilidades de independizarse.

En Argentina ese número alcanza 40 por ciento, lo que coincide con la constante presencia de gente de esa procedencia en empresas relacionadas con nuevas tecnologías.

Corea del Sur, Canadá y Rusia encabezan la lista. Ahí, más de 62 por ciento de la gente entre los 25 y los 34 años de edad está capacitada profesionalmente.

En Estados Unidos, sólo la mitad de la población llegó a ese nivel y al final de la lista aparece Sudáfrica, con apenas 6 por ciento de su gente obteniendo algún grado de educación especializada.

En la semana del 25 de mayo de 2019, The Economist publicó una portada bajo el título: 'El Boom de los Grandes Empleos'. Habló de una economía global en la que los salarios subían debido a que no era posible encontrar a gente talentosa fácilmente.

Un año más tarde lo que faltan son justamente plazas laborales, salvo en el sector de quienes son capaces de adaptar al mundo a esa 'nación telaraña' de fibra óptica de la que hoy todos lucen dependientes.

Tampoco el libro El Ascenso de los Robots, de Martin Ford, que habla de androides y máquinas que sustituyen humanos en la economía, predijo el nivel de creatividad que es necesario hoy por parte de la gente para adaptarse a tantas cosas que cambian tan rápido.

Si hay un tipo de independencia envidiable es justamente la de quien, entendiendo el ecosistema y siendo capaz de modificarlo, percibe que puede estar, prácticamente, en donde quiera.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.