Murió, pero antes, este mexicano ayudó a crear Google
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Murió, pero antes, este mexicano ayudó a crear Google

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Murió, pero antes, este mexicano ayudó a crear Google

11/12/2019
Actualización 11/12/2019 - 14:11

Salvo por aquellos que recuerdan su relación con Larry Page, pocos se acordarán en México del nombre de Héctor García Molina. Eso no debería ser así.

“Un erudito talentoso, maestro dedicado y colega atento, Héctor García Molina, profesor de ciencias de la computación y de ingeniería eléctrica que fue pionero en algunas de las tecnologías de bases de datos que subyacen a la computación en la nube moderna, murió de cáncer el 25 de noviembre, en la víspera de su cumpleaños 66”, informó en un texto el académico Tom Abate, publicado el viernes para la comunidad de la Universidad de Stanford.

“Se le echará muchísimo de menos”, dijo la preboste y líder de Stanford, Persis Drell, quien se familiarizó con García Molina mientras se desempeñaba como decana de la Escuela de Ingeniería, expuso el mismo comunicado.

Me enteré esta semana por la vía del periodista Javier Garza Ramos, quien le entrevistó varias veces cuando el regiomontano García Molina –hijo de un rector del ITESM– viajaba de California a Coahuila a visitar a sus padres.

García Molina dejó como legado una familia y cientos de fotografías que registraron hechos deportivos de la Universidad de Stanford que él capturó al margen de sus tareas como profesor en la institución. Antes, ayudó a Larry Page, como expuse la semana pasada aquí, sin saber yo de su cercana muerte:

“García Molina (líder del departamento de Ciencias Computacionales en Stanford en aquellos días) recuerda cómo comenzó todo. Él era el asesor de Page y un día de 1995 su estudiante fue a su oficina para enseñarle un truco que él había descubierto” , expone el libro The Google Guys, escrito por Richard L Brandt, que añade lo siguiente.

“El motor de búsqueda de AltaVista no solo recogía palabras clave de los sitios, sino que también podía mostrar qué otros sitios tenían links de esos sitios.

AltaVista no explotaba esta información de hipervínculos del modo en que Google lo haría. Al principio era un juego. ‘Nos divertimos mucho ese día viendo qué páginas de (escuelas) de ciencias computacionales eran más populares entre diferentes universidades’, recordó García Molina. Estaban fascinados con el hecho de que las bases de datos de Stanford, por ejemplo, arrojaron más links que un departamento similar en la Universidad de Wisconsin”.

García Molina administraba el dinero de la universidad destinado a las ciencias computacionales y Page acudía con él a pedirle orientación y recursos, a veces para una computadora, otras para un disco duro, hasta que terminó por pedir un presupuesto completo para un proyecto que en un inicio solo pretendía encontrar los documentos correctos en la librería gigante de la Internet.

“Yo le preguntaba cuántos discos necesitas, para saber cuánto darle, Larry tenía la meta muy alta” dijo García Molina al periodista Garza Ramos durante una entrevista publicada en 2008 en el Siglo de Torreón. https://bit. ly/2qEbsZt

Lo registrado en esa entrevista da cuenta de la visión del regiomontano, quien en los setenta presenció el nacimiento de Internet cuando ante sus ojos conectaron una computadora de Stanford con una situada en la otra costa estadounidense, en el Massachusetts Institute of Technology. Durante su trayectoria, García Molina trabajó en los ochenta con los precursores de los vehículos autónomos que apenas entran al mercado e inicialmente nacieron por interés militar.

“Nos asociamos con Volkswagen, nos dieron automóviles y le agregamos sensores y computadoras. Se trata de ver cómo navegaban los autos robots. Había calles con señales de altos que tenían que parar y ver el tráfico”, dijo a Garza Ramos.

García Molina, un hombre que siempre prefirió el bajo perfil, criticó la circunstancia mexicana en la que prevalece un bajo interés por la ciencia, que ahora entrega más riquezas a estadounidenses, asiáticos o europeos. Siempre esperó que más mexicanos aplicaran para Stanford.

Él ayudó a crear el futuro que ahora es presente, pero siempre huyó de las predicciones.

“Predecir no se me da. Ya sabes que nunca imaginé que Google iba a ser tan exitoso”, sentenció en aquella entrevista en Torreón, hace más de 10 años. Descanse en paz.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.