Ojalá que no, señor presidente
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Ojalá que no, señor presidente

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Ojalá que no, señor presidente

19/07/2019
Actualización 19/07/2019 - 10:58

Tiene razón y todos deben apoyar esta afirmación: “Sí queremos el crecimiento, pero sin destruir el medio ambiente”, dijo ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y añadió: “Si se tratara de crecer por crecer podríamos decir: Vamos a seguir con las rondas petroleras, a seguir entregando concesiones para la minería, no le hace que sea a cielo abierto, no le hace que contaminen, porque lo que nos importa es crecer, crecer, crecer”.

Pero esa no es la intención y por esa razón, dijo, México no crecerá al 6 por ciento, sino al 4. Crecer a una mayor tasa implicaría destruir el medio ambiente, pues. Ojalá que no, señor presidente, que no provoquemos eso.

Pero la economía de los mexicanos sí puede crecer al 6 por ciento sin ese catastrófico resultado. Muchos lo hacen y no tenemos que abordar el caso de Quintana Roo, Querétaro o Baja California Sur que no destacan por su minería, menos por el petróleo y que alcanzaron promedios más altos de crecimiento anual.

Hablemos de empresas, presidente. Grupo FEMSA, la de los OXXO, por ejemplo, aumentó sus ingresos 6.8 por ciento el año pasado y el anterior, 10 por ciento, para este año esperan 7.4 por ciento. Su dinero viene fundamentalmente del comercio, su impacto ambiental lo han reducido en función de depender cada vez menos de combustibles fósiles para enfriar las cervezas.

El PIB es la suma de los valores de mercado de todos los servicios y bienes finales producidos por los recursos de la economía del país, según el economista Jonathan Heat. Visto como un país, el crecimiento de FEMSA, de José Antonio Fernández Carbajal, está por arriba del 6 por ciento.

Pero los mexicanos aspiran a más. Luego de correr muy “parejos”, Estados Unidos ya crece más rápido que México en buena medida por casos que usted conoce muy bien: los ingresos de Facebook, la firma de Mark Zuckerberg —con quien usted tuvo una videoconferencia recientemente— aumentó sus ingresos 37 por ciento en 2018 y en 2017, 47 por ciento. El año pasado casi triplicó los ingresos de, digamos, la CFE de los mexicanos. Es dinero que no existía el siglo pasado y ahora aporta al crecimiento del PIB en Estados Unidos.

Facebook no vende petróleo, tampoco minerales. Cobra a firmas —y quizás a políticos— por aparecer frecuentemente en el timeline de sus millones de usuarios. Vende publicidad y quiere meterse a servicios financieros.

Alphabet es otro buen ejemplo. Debe conocerla por su empresa más emblemática: Google. Este corporativo aumentó sus ingresos 23 por ciento en 2018 y 22 por ciento en 2017. Ahí la lleva.

Sus ingresos por 136 mil millones de dólares multiplican los de Pemex. La compañía encabezada por Larry Page vende también publicidad, pero añadió servicios como los de almacenamiento digital. La diferencia entre Page y Zuckerberg con mexicanos de la edad de ellos, señor presidente, es que estuvieron expuestos a flujos de información y financieros que en México no existen.

Si usted genera ambas cosas mediante buena educación y conectando —y sobre todo emocionando— a inversionistas de buena fe que hoy andan cabizbajos, puede tener resultados sorprendentes sin golpear el medio ambiente. Empresas que hoy no existen podrían generar recursos inimaginables en el mediano plazo. Usted sería recordado por hacer algo que nadie más hizo en este país.

No se preocupe por la rentabilidad. Facebook y Alphabet entregan un margen (EBITDA) de 52 y 29 por ciento de sus ingresos, respectivamente, según datos recopilados por Bloomberg. El Plan de Negocios de Pemex cita la misma fuente para decir que Statoil tiene un margen 36 por ciento, Petrobras 34 por ciento y la vieja petrolera mexicana, 33 por ciento. Son datos comparables, vaya.

Ojalá que no afectemos más el medio ambiente, presidente. Ojalá que sí generemos riqueza.

* Jonathan Ruiz es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.