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Trabajar ‘sin pantalones’ se pone serio

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Trabajar ‘sin pantalones’ se pone serio

22/02/2021
Actualización 22/02/2021 - 11:32

En YouTube hay evidencia accidental de personas que durante esta pandemia optan por trabajar con menos ropa en estos días de reuniones vía Zoom.

No es que todos lo hagan, pero a decir de los resultados de quienes venden trajes o corbatas, parece que en muchas y en muchos desapareció el interés por vestir formalmente. Salvo por el frío, ¿qué tanto problema hay por trabajar en shorts cuando su oficina está ahora en la recámara?

Tomen como primera referencia de este cambio el orden en el menú de ropa de hombre que Liverpool muestra en su tienda en línea: playeras, polos, camisas, sudaderas, chamarras, chalecos, abrigos…

Los trajes aparecen ya al final, junto con la denominación big and tall, una subcategoría para quienes buscan tallas grandes.

Aquellos trajes usados igualmente por capitanes de meseros que por dueños de compañías al menos hasta el inicio de 2020, no son muy distintos de los que portaron en sus días Abraham Lincoln o Benito Juárez durante el siglo XIX.

¿Ha llegado su hora a esa típica confección combinada de dos o tres piezas de pantalón, saco y chaleco? ¿Adiós a los trajes? Eso tiene repercusiones hasta en las ventas de Grupo Carso y en sus empleados.

“(El negocio de) moda lo hemos visto más complicado, obviamente dependerá de la pandemia, como saben, la gente ya no está tan preocupada por la compra de ropa, sobre todo la que es ropa formal... caballeros, damas, algo de calzado... van por ropa más cómoda”, dijo la semana pasada a analistas Patrick Slim, director de Grupo Sanborns.

Esta compañía también responde por la marca Saks Fifth Avenue, que terminó cerrando el año pasado su tienda de Polanco en la Ciudad de México y hoy mantiene una en Santa Fe.

Las ventas de Grupo Sanborns cayeron 25 por ciento el año pasado y el valor de sus acciones bajó 20 por ciento en ese periodo.

Esto va mucho más allá de lo que ocurre en México.

“(Estamos) empujando categorías casuales al enfocarnos en estilos cómodos y confección casual”, divulgó en noviembre a través de documentos oficiales una de las empresas icónicas en la materia: Hugo Boss.

La compañía que lleva por nombre el del polémico diseñador de los trajes del ejército Nazi, es también popular entre quienes consumen trajes tradicionales, particularmente entre quienes no se preocupan por el precio de los mismos.

La compañía tiene un descuento de 33 por ciento respecto de su valor previo a la pandemia.

Contrario a lo ocurrido con los índices de mercados accionarios, Hugo Boss prácticamente no ha recuperado valor desde que comenzaron los días de encierro. Esa situación es congruente con lo que ocurre con sus ventas, que bajaron 23 por ciento en un año, lo que representó pérdidas por 139 millones de euros durante los últimos 12 meses, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg.

La gente, mujeres y hombres de esta generación, enfrentan el impacto del aislamiento que probablemente cambie permanentemente su modo de comportarse.

“Las personas durante el último año han desarrollado una nueva forma de ser, una nueva forma de definir quiénes son, tal vez priorizándose un poco más a sí mismas y su comodidad, porque lo necesitamos”, advierte Daniele Fay Mathras.

“Necesitamos eso para sobrevivir y seguir adelante en el día a día”, destaca la profesora asociada de mercadotecnia en la Northeastern University, en Boston, durante una entrevista publicada en diciembre por esa institución.

Publiqué recientemente que la red social Pinterest acuñó el nuevo término athflow que describe la ropa que combina lo deportivo con lo elegante para estos nuevos tiempos.

Probablemente sea la tendencia que sustituya finalmente a ese bicentenario traje tan popular entre los humanos prepandémicos, ahora que hasta la famosa empresa de corbatas Scappino optó por fabricar... cubrebocas.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.