Algo se cocina
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Algo se cocina

05/12/2019

Con especial enjundia se reanudó esta semana la actividad política en Washington, luego de que ambas cámaras tuvieron su receso para conmemorar el Día de Acción de Gracias. Ello significa que, contando con la extensión para negociar el Presupuesto, quedan entre 12 y 14 días de trabajo legislativo en el año. Sí, señoras y señores, ya se está acabando 2019, y los demócratas tienen prisa por cerrar su parte del proceso de destitución del presidente Donald Trump antes del receso navideño.

Esta prisa, más que nada, responde a los tiempos electorales. Si la Cámara baja entrega al Senado los artículos de destitución antes de que termine el año, los senadores tendrán todo el mes de enero para montar el juicio político contra el presidente Trump. Hasta ahora, nada hace pensar que los republicanos cambien de parecer y estén dispuestos a apoyar un cambio en la Casa Blanca, pero todos los días aparecen nuevos datos que confirman lo que todos sabemos: Trump es un corrupto, capaz de llegar a cualquier extremo con tal de conservar el poder.

Mientras estos temas consumen toda la atención en la capital de Estados Unidos, el mundo sigue girando. Un distraído y desinteresado Donald Trump viajó esta semana a Londres, en donde participó en la cumbre anual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, por sus siglas) cuyos socios principales se cansaron ya de soportar los esporádicos vituperios trumpianos. Desde antes de comenzar la cumbre, Emmanuel Macron, el presidente de Francia, describió a la OTAN con “muerte cerebral”. La alianza, inventada, promovida y apoyada desde su creación por Estados Unidos, se ha debilitado por la evidente falta de interés de Trump en mantener sus objetivos.

Donald Trump nunca ha entendido que la OTAN es el dique que detiene el expansionismo ruso, y que ha permitido el desarrollo económico y social de las democracias occidentales. Se queja, en cambio, de que le cuesta mucho dinero. ¿Cuánto vale una paz que ha durado 70 años?

El lenguaje corporal de Trump en su visita a Londres debe tener seriamente preocupado a su círculo cercano. Sus apariciones públicas fueron robóticas y dispersas. Por momentos defendía a la OTAN, y por momentos regresaba al tema de los costos. Aguantó lo que solo se puede describir como una regañiza de parte de Macron. Se difundió un video donde Boris Johnson, primer ministro británico, Justin Trudeau, de Canadá, y el propio Macron, hacen burla de Trump, quien solo atinó a responder que Trudeau “era un dos caras”, pero en general, un buen tipo.

No sabemos, en realidad, el tamaño del problema que enfrenta Trump, pero él sí lo sabe, y lo proyecta. Cuando el miércoles por la noche abordó el avión presidencial para volar de regreso a Washington, la imagen que proyectó era la de un hombre derrotado. Si las teorías de varios observadores de la Casa Blanca son correctas, y la presa de información construida por Trump está por agrietarse, se le viene la madre de todas las inundaciones.

Varios personajes tienen la opción de revelar lo que saben y salvar el pellejo, o hundirse con el presidente; entre ellos 1) Rudy Giuliani, abogado personal de Trump, 2) Mike Pompeo, secretario de Estado, 3) Nick Mulvaney, jefe de gabinete, 4) Mike Pence, vicepresidente, 5) William Barr, procurador general. Cualquiera de ellos se puede doblar.

Por otra parte, enorme sorpresa causó en el Partido Demócrata el retiro de la senadora Kamala Harris de la campaña presidencial. Argumentó falta de dinero, pero muchos piensan que prepara una alianza para ser la candidata a la vicepresidencia de Joe Biden.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.