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Biden en control

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Biden en control

07/01/2021

Mientras redacto este texto, tengo como fondo el sonido de la sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos. Los republicanos, a nombre de su líder y destructor, el todavía presidente Donald Trump, dan los últimos estertores antes de la muerte de ésta, la más perniciosa administración del país en sus 240 años de existencia. Un puñado de senadores, y más de 100 congresistas republicanos insisten, contra todo sentido común, en formar parte de una página negra en la historia de su país, y que bien podría considerarse como el punto de quiebre de la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Desde luego, no tendrán éxito, a menos que se derrumbe por completo el Estado de derecho, y no se ve posible que eso ocurra. Así pues, se puede afirmar con toda seguridad que el próximo miércoles 20 de enero Joseph Biden tomará posesión como el presidente número 46 de Estados Unidos.

Biden tiene frente a sí un a titánica labor de restauración del orden constitucional en un país terriblemente golpeado por el sistemático ataque permanente que montó el presidente Trump sobre las instituciones democráticas del país, desmantelando un aparato administrativo eficaz, que llevó décadas formar, y que Trump borró de un plumazo, para colocar gente leal a su persona, sin importar su capacidad para desempeñar el puesto que les fue encargado. ¿Les suena?

Terminada la elección general en noviembre, aún quedó pendiente el control de la Cámara de Senadores. Los resultados de entonces, arrojaron una ventaja de dos escaños para los republicanos, 50 a 48, con dos elecciones pendientes en Georgia, que obliga a una elección especial en caso de que ningún candidato rebase 50 por ciento de los sufragios. Así pasó en el caso de ambas elecciones en Georgia. Los demócratas Jon Ossoff y Raphael Warnock enfrentaron a David Perdue y Kelly Loeffler, respectivamente, y los demócratas necesitaban ganar ambas para asumir control del senado.

El esfuerzo demócrata fue notable. Georgia es un estado especialmente eficaz en suprimir el voto de las minorías. Desde Bill Clinton que un demócrata no ganaba el estado, y antes de eso, solo Jimmy Carter, originario de Plains, Georgia. Hace dos años, Stacey Abrams, una afroamericana con gran arrastre en el estado, perdió la gubernatura gracias a las maniobras cuestionables del hoy gobernador Brian Kemp. A partir de entonces, Abrams dedicó toda su energía al registro y participación electoral del enorme bloque afroamericano, y finalmente su dedicación rindió frutos, logrando un resultado electoral con trascendencia nacional, y hasta mundial, al virtualmente asegurar el control del Senado para los demócratas.

Warnock triunfó con cómodo margen. Ossoff, quien tuvo al rival más difícil, podría aún tener que esperar un recuento, pero no se ve manera de que se revierta su triunfo. Los escándalos financieros de su rival, que lo obligaron a negarse a debatir en la campaña, finalmente cobraron factura.

Los cambios serán inmediatos y profundos. Para empezar, Chuck Schumer pasa a ser líder de la mayoría en el Senado en lugar de Mitch McConnell. Con ello, decidirá qué iniciativas llegan al Pleno para votación, y se levantará la congeladora en la que descansan docenas de leyes aprobadas en representantes, y podrá avanzar el proceso. No podrán los republicanos rechazar las propuestas de Biden para su gabinete, a menos que logren apoyo de algún demócrata. Pronto conoceremos, pues, al elegido para procurador general.

Joe Biden podrá modificar el recorte masivo de impuestos que impuso Trump, en el que benefició mayormente a los ricos y a las grandes corporaciones. Y, tal vez lo más importante, Biden podrá nombrar jueces federales con la seguridad de que serán aprobados, para así equilibrar de nuevo las cortes. No creo que Biden intente legislar para aumentar el número de jueces en la Suprema Corte, como habían sugerido algunos. Y habrá, finalmente, un regreso a la cordura medioambiental.

Si será suficiente para detener la caída estadounidense de su liderazgo mundial, está por verse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.