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La Desinformación

25/11/2019

La imagen que queda grabada en la mente después de una caótica semana en Washington, es la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vociferando esquizofrénico, “No quiero nada, no quiero nada, no hay quid pro quo.” Se refería, por supuesto, al proceso de destitución en su contra que el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes tiene abierto.

Una vez más, Trump miente. Esto es claro con solo leer el contenido de la famosa llamada del 25 de julio entre el presidente de Ucrania, Vlodomyr Zelinskiy, y el propio Trump, en donde, con todas sus letras, Trump solicita a Zelinskiy investigar al ex-vicepresidente de EU Joe Biden y a su hijo Hunter. Además, le pide al ucraniano averiguar detalles sobre una supuesta intervención ucraniana en las elecciones presidenciales de 2016 en EU en apoyo a Hillary Clinton.

Esto último es una versión originada en el Kremlin en 2017, para tratar de desviar la atención sobre la evidente intervención de Rusia en ese proceso, pero, claro, a favor de Trump. Una clásica estrategia de desinformación, en la que el propio Vladimir Putin participó, expresándola públicamente, en una conferencia de prensa en febrero de ese año.

Esta extraña narrativa, a pesar de lo francamente fantástica, se ha vuelto uno de los ejes de la defensa de Trump en las audiencias, y es vigorosamente impulsada por los republicanos. En ese marco, el jueves pasado la Dra. Fiona Hill compareció ante el comité.

La Dra. Hill trabajaba en la Casa Blanca para el Consejo Nacional de Seguridad, y su jefe era John Bolton, recientemente despedido como asesor de seguridad nacional. Ella nació en Inglaterra, pero emigró a Estados Unidos, donde se graduó summa cum laude de Harvard, y lleva años siendo considerada la máxima autoridad sobre Rusia y los países que emergieron con el derrumbe de la Unión Soviética, entre los cuales, por supuesto, está Ucrania. Es, además, autora de la más completa y analítica biografía de Vladimir Putin publicada en occidente.

Abrió su declaración haciendo una aguda crítica a varios legisladores republicanos que impulsan la versión de la intervención ucraniana. Les dijo que, al esparcir esa narrativa falsa, le están haciendo el trabajo a Putin, quien pretende no solo culpar a Ucrania de la intervención que él mismo ordenó, sino también desestabilizar la relación entre Ucrania y EU, que le resulta estorbosa para sus planes expansionistas. En pocas palabras, la Dra. Hill les hizo ver que su desesperada defensa de Trump se contrapone diametralmente a los intereses estratégicos y de seguridad nacional de Estados Unidos.

¿Qué hicieron los republicanos? Empezando con Devin Nunes, el impresentable equivalente gabacho de Mario Delgado, continuaron exactamente con la misma narrativa, aunque tuvieron cuidado de no hacerlo en forma de pregunta, para evitar lo que hubiera sido una lacerante respuesta de Fiona Hill, una mujer que no se intimida ante el poder.

El señor Nunes, además, quedó exhibido, cuando el viernes CNN reportó un viaje de Nunes a Vienna, donde se reunió con ucranianos pro-Rusia a instancias de Rudy Giuliani. CNN obtuvo la información del abogado de Lev Parnas, el socio de Giuliani, quien enfrenta cargos federales por contribuciones ilegales al partido republicano, y quien parece estar dispuesto a soltar la sopa a cambio de inmunidad.

Total, un cochinero. Así como Trump tiene muchas similitudes con el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, los republicanos se comportan de forma muy parecida a los legisladores de Morena. No importa la realidad, ni los intereses nacionales. Lo que importa, es seguir ciega e incondicionalmente al líder, y al diablo con las consecuencias.

Esta semana, aunque los legisladores no sesionan porque el jueves es el día de Acción de Gracias, la información seguirá fluyendo, y aparecerán las primeras encuestas levantadas después de las dramáticas audiencias de destitución. Dependiendo de esos datos, veremos si modifican posturas por lo menos, algunos republicanos. No hay, hasta el momento, nuevas comparecencias programadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.